Haddad ya había superado reservas que había respecto a él en el PT, con un desempeño irreprochable en las entrevistas públicas, en los discursos y en los debates. Fue también conquistando a los movimientos sociales y a la opinión pública con serenidad, firmeza y competencia.
El fin de semana pasado, Haddad protagonizó las escenas más espectaculares de la campaña hasta ahora, en el nordeste, en particular en Pernambuco, la provincia donde nació Lula, con cientos de miles de personas por las calles. Un viaje que no tuvo todavía tiempo de reflejarse en las encuestas, pero que va a garantizar la suma de votos del PT en la región, siempre arriba de 70% en la segunda vuelta.
En todas las provincias del nordeste, los candidatos del PT o apoyados por el PT lideran en las encuestas, para ganar en primera vuelta, consolidando la región como la más roja de Brasil. La región desde donde Lula salió y que fue la que más cambios tuvo en los gobiernos del PT.
A menos de dos semanas de la primera vuelta, el escenario electoral se va aclarando. Las encuestas siguen dando a Bolsonaro liderando la primera vuelta, con Haddad cada vez más cercano a él y más distanciado de Ciro Gomes, dibujando una segunda vuelta entre Bolsonaro y Haddad.
Mientas tanto, se fue difundiendo por todo el país una campaña llamada #ElNo. Él es Bolsonaro, que con sus brutales declaraciones fue generando reacciones de los más diversos sectores de la sociedad, pero especialmente de las mujeres, entre las que tiene un altísimo nivel de rechazo. Un manifiesto de las mujeres rápidamente alcanzó a tener 3 millones de adhesiones, hasta que la misma campaña de Bolsonaro invadió la pagina de ellas, causando todavía más rechazo. El próximo sábado deben darse las más grandes manifestaciones de toda la campaña, unificada por el rechazo a Bolsonaro en todo Brasil.
Desde hace algún tiempo yo fui previendo ese viraje y la victoria del PT, con Lula o con quien el indicara. Muchos amigos me escribían extrañados por esa previsión, con la cual se identificaban de corazón, pero que no podían creer, racionalmente, que se volviera real. La atribuían a mi conocido optimismo.
Ahora ese escenario favorable de que Brasil pueda revertir la grave derrota que sacó a Dilma de la presidencia y tomó preso a Lula se va volviendo realidad. Se acerca la situación increíble de que Lula, preso y condenado por un proceso sin pruebas, después de liderar todas las encuestas, no pueda ser candidato, indique a su exministro de Educación y este sea electo presidente de Brasil.
Y Haddad, hijo de inmigrantes libaneses, que trabajó durante diez años en el comercio de su padre, egresado de cursos de derecho y economía, con posgrados en ciencia política y filosofía -fue mi alumno- está cerca de convertirse en presidente de Brasil. Se mantiene tranquilo, absolutamente fiel a Lula, a quien visita varias veces a la semana, confiando en que su victoria será también el marco que permitirá liberar a Lula y tenerlo a su lado en la reconstrucción de Brasil.