Hasta siempre
Hijo del barrio de La Teja, nacido en el seno de una familia obrera, Tabaré forjó una vida extraordinaria desde el esfuerzo, la dedicación y una inteligencia fuera de la común. No heredó riquezas materiales, pero sí el ejemplo de lucha de su padre, un obrero de ANCAP, despedido y hasta encarcelado por su militancia sindical en la Huelga del 52. Tabaré se formó en la educación pública y, según él mismo contaba, no era, de muchacho, un alumno destacado. Concurrió al Bauzá y al Liceo del Cerro, pero tempranamente tuvo que abandonar la secundaria por varios años para ayudar a mantener a su familia. Vendió diarios, trabajó como aprendiz de carpintero, de empleado en un almacén y hasta en una vidriería. Recién logró retomar el liceo a los 21 años, en el IAVA. En 1963 ingresó a la Facultad de Medicina, y comenzó una carrera formidable que lo convirtió en un experto internacional en su disciplina y Catedrático de la Universidad de la República, sin por ello desligarse nunca de La Teja, su barriada de origen, donde fundó el Club Arbolito y fue dirigente de Progreso, equipo de sus amores, al que condujo al mayor logro deportivo de su historia, el Campeonato Uruguayo de 1989.