No es ni fue el caso de Macri a quien en ausencia de programa debemos auscultar por sus promesas mediáticas. Por ejemplo prometió reducir y hasta eliminar el impuesto a las ganancias pero debió duplicarlo, incrementar el empleo mediante ajustes salariales a la baja a pesar de lo cual se pierden cerca de 10.000 puestos por día. De la espera de una lluvia de inversiones (productivas) se fugan capitales diariamente por valores equivalentes a toda la deuda contraída hasta su asunción, que es financiada con endeudamiento récord con el FMI. Para exhibir estabilidad sostuvo que resolverá con total facilidad la reducción de la inflación que durante la última etapa kirchnerista llegó al preocupante índice del 25% anual. La duplicó y para intentar sostener el dólar en niveles que triplican la liberación del cepo antecesor sostiene la tasa de interés por encima del 60%. Todas las variables socioeconómicas vienen en caída y el drama popular se acelera.
Antes de su reciente derrota por paliza en estas inútiles primarias, Macri culpaba por estos resultados a la herencia recibida del kirchnerismo. Al día siguiente de ella el dólar creció un 25%, la bolsa cayó un 48% y su explicación es la desconfianza del capital ante su probable derrota. Su tesis es que la única acumulación de capital posible consiste en su presidencia a pesar de que sus casi 4 años de mandato produjeron la mayor desacumulación y destrucción de capital. En última instancia, todo el argumento se reduce a la idea de que un amigo del capital, empresario y facilitador de ganancias cortoplacistas y vistas gordas jurídicas, garantizaría el funcionamiento del capitalismo, a diferencia de sus antecesores.
Es a la inversa. La razón por la que no existe acumulación de capital (además del derrumbe de las variables sociales) es la desconfianza del capital sobre la capacidad de un heredero incompetente, hijo de un mafioso coimero que amasó su fortuna mediante la obra pública del Estado terrorista en el que la justicia no intervenía. Sólo ha exhibido incompetencia al punto que uno de sus principales sostenes mediáticos, el diario oligárquico La Nación, en el editorial de Carlos Pagni lo considera alienado de la realidad.
En los dos meses y medio restantes para las elecciones definitivas y otros tantos para el traspaso del poder, este energúmeno puede producir un daño ya irreversible. Hace ya más de un año que vengo señalando la necesidad de un adelantamiento electoral (como ya hubo antecedentes con Alfonsín, De la Rúa y Duhalde) y un simbólico helicóptero que lo ayude a su desalienación.