De los 60 decesos, 16 fueron homicidios, 10 suicidios, 9 muertes catalogadas como “dudosas” y 25 como “naturales”, es decir, vinculadas a problemas de salud.
Las cifras son alarmantes si se considera que durante todo 2020 fueron 48 las personas que fallecieron en cárceles. El número actual representa un aumento de 25% de las muertes.
Si se descartan las muertes “dudosas”, cuya causa no se pudo determinar con certeza, las muertes violentas (homicidios y suicidios) suponen más del 50% de los fallecimientos.
Un informe divulgado en julio pasado, titulado “Muerte bajo custodia en el sistema penitenciario, Uruguay 2020” y elaborado por el Departamento de Medicina Legal y Ciencias Forenses de la Facultad de Medicina de Udelar, arrojó cifras bastantes más altas de muertes violentas en cárceles durante el año pasado.
Según el documento, el 71% de las muertes en 2020 correspondían a causas violentas. “La gran mayoría de las muertes fueron de causa violenta (71%), (21%) fueron de causa natural y (8%) permanecen como indeterminadas. De las 34 muertes violentas, 50% fueron de etiología homicida y 50% de etiología suicida”, rezaba el informe.
Según estos registros, el 44% de los fallecidos no estaba penado y murió bajo prisión preventiva, mientras que el restante 56% sí cumplía pena. Además, se calcula que un tercio de las muertes (34%) ocurrió antes de cumplirse el primer año de cárcel.