Interesante jefe de Policía
El jefe de Policía de Montevideo, Mario Layera, derramó interesantes conceptos sobre la situación y evolución de la delincuencia y la justicia en Uruguay. Quizás nunca antes un jerarca similar había vertido declaraciones tan concretas e ilustradas sobre esos temas. Repasemos, una por una, sus manifestaciones hasta que el tirano espacio lo permita. Más sociólogos para lo social que policías para la represión Layera dijo algo que, no sólo es cierto, sino que hace muchos años les digo a las autoridades que deberían decir para que no se les pidiera ser los Supermanes omnipotentes que luchan con el crimen. Porque es clarísimo, desde las ciencias sociales y la criminología, que la Policía es sólo una de las muchas instituciones que cuidan del orden y seguridad públicos y se auxilian con la Justicia. Y esa es sólo una parte del combate al crimen, que es consecuencia de múltiples causas mucho más importantes de atacar, aunque menos urgentes, para reducir el crimen, que esas consecuencias, también atendibles pero en definitiva menos relevantes en el largo plazo. Falsa oposición, pero cuya importancia relativa nos señala la mayor o menor ideología de izquierda o derecha que inspira dichos y hechos. La Policía defendería mucho mejor su legitimidad y su eficacia como institución, y sus roles y funciones en el Estado, si confesara que es sólo una pequeña parte del engranaje para enfrentar causas y consecuencias del crimen, porque es verdad y no se les pediría tanto más de lo que pueden realmente dar. Y mejor si se dijera qué otras partes son importantes para diagnosticar y hacer terapia del tema, pero con las cuales la Policía no puede hacer prácticamente nada. Y una fundamental es la siguiente, en boca del propio Layera. Consumismo creciente: criminógeno y promotor de violencia Dijo, con expresiones simples y entendibles, que el crecimiento del paquete de bienes y servicios cuyo consumo fija el límite mínimo para el disfrute de autoestima y estatus en el mundo de hoy implica un gasto creciente en cantidad, calidad, novedad, variedad y urgencia de bienes y servicios. De tal modo, cada vez se confía menos en obtenerlo por vías legales (privadas y/o públicas), sino como fuere y sin importar la legalidad de las vías y medios adoptados para ello. Lo que incluye modos violentos de resolver conflictos territoriales y comerciales entre actores en bienes y servicios clandestinos e ilegales. Con estos valores crecientemente consumistas, hedonistas, narcisistas y de búsqueda de estatus desde materialidades, la Policía no puede hacer nada, sino sólo contemplar su paulatina imposición, que puede llevar en el futuro, y a medida que los que se sienten infraconsumidores aumenten, también a la implantación de la violencia y las actividades ilegales. “Cuando los marginales sean mayoría…”. Pero también apunta otras causas del crecimiento de algunos delitos como los homicidios, en especial aquellos del tipo de los ‘ajustes de cuentas’ entre criminales de bandas competitivas por fracciones de mercado ilegal o clandestino. Formación de subculturas marginales criminales Estos “marginales” conforman culturas con sus valores propios y diferentes de los mayoritarios en la población. Utilizan una jerga difícilmente comprensible para el mundo exterior a ellos. Esa subcultura comenzó en las cárceles y con la presencia de extranjeros miembros de organizaciones criminales. Esa diferenciación podría llegar a segmentar la sociedad y a provocar enfrentamientos simbólicos hasta prolongarse en conflictos materiales y hasta cruentos. Que esa subcultura aumenta su presencia social lo atestigua el aumento del porcentaje de los homicidios debidos a ajustes de cuentas al interior de miembros de esa subcultura marginal criminal: 34% en 2017 a 62% de los homicidios en el primer trimestre de 2018, especialmente en el ámbito del microtráfico, en un contexto de liderazgos volátiles y líderes de organizaciones con organigramas difusos que dificultan las tareas de desmontarlas. Muchas instituciones del Estado no dan sus datos a la Policía De lo poco que sé del asunto en el mundo, generalmente no hay ‘compartamentalización en el Estado’; pero Layera afirma que Mides, ANEP y BPS son celosos de la confidencialidad de sus datos, lo que impide que la Policía acceda a datos importantes para caracterizar personas, grupos y territorios, tarea importante para la prevención como complemento de la investigación. Seguramente en la izquierda hay variadas y hasta conflictivas posiciones respecto a la confianza en la Policía y su explotación de los datos institucionales al interior del Estado. Es un asunto importante a debatir, consensuar y quizás adoptar protocolos y reglamentos que compaginen los intereses de las diversas instituciones intraestatales. WhatsApp anula las tareas que el sistema Guardián aporta El jerarca afirmó que el sistema de comunicación WhatsApp es un aliado del crimen organizado y contrario al registro de actividades delictivas en espacios públicos porque, por sus características, no hace posible el espionaje de las comunicaciones desde teléfonos. Personalmente, no creo que tarde el descubrimiento de cómo espiarlo o que se prohíba en alguna comunicación la falta de identificación capaz de hacer responsables a los así comunicados por los actos criminales que cometan, lo que es extremadamente difícil desde ‘nubes’ que licúan la identificación de los responsables. Nuevo CPP limita la Policía a flagrantes El nuevo Código de Procedimiento Penal (CPP), en realidad, decimos nosotros, no limita a la Policía al accionar directo sólo en casos de flagrancia, sino que los fiscales están tomando la dirección de la instrucción criminal con mayor celo que los jueces del sistema inquisitivo, y limitan más que éstos la discrecionalidad policial en la gestión de los casos. Otro problema es la lenta y, al menos transitoriamente, baja eficacia del sistema, que no debería continuar, pero se produce en parte por insuficiente instrucción de los operadores de la herramienta en sus novedades y por el tiempo de ajuste necesario para la eficaz y eficiente operatividad del software. Policía y políticas sociales Este último ítem no lo refirió Layera, pero ha acompañado a la mayoría de los comentarios a ciertos pasajes de sus dichos. Se trata de discernir si lo que hay detrás de criminalidad organizada y de ajustes de cuentas es un estado de insatisfacción social relativa, deprivación relativa para sociólogos y psicólogos sociales, el endurecimiento de la situación, en medio de una clara tendencia a la caída de la violencia en el mundo respecto del pasado, debido a la visibilidad de una justicia privada arcaica pero vigente en bolsones socioeconómicos determinados, que abarcan a personas, grupos, territorios y mercados de bienes y servicios determinados. Si eso es así, entonces no ha habido políticas sociales ni redistribución de renta y capitales suficientes como para frenar ese consumismo violento enquistado. Estos temas son particularmente oportunos o adecuados para trazar un claro criterio para definir políticas sociales progresistas y de izquierda o conservadoras y de derecha. En efecto, por un lado estaría en énfasis de políticas sociales de igualación, equidad, redistribución, haciendo hincapié en que lo principal es atacar las causas de una situación que desarrolla consecuencias tan cruentas en el cotidiano; sería tratar de cerrar la canilla de la que brotan, como consecuencias de ellas, las situaciones conflictivas, de riñas de grupos, ajustes de cuentas y sucesiones de tipo mafioso en las difusamente organizadas y volátilmente lideradas organizaciones delictivas. Por otro, el énfasis en minimizar las consecuencias, en el entendido de que la configuración causal es deseada por los más poderosos, que no aceptan cosechar lo que sembraron y dirigen sus baterías a una represión de las consecuencias cosechadas. Diversamente, el progresismo de izquierda debe decidir sembrar distinto para no tener que cosechar tan amargamente. Mejorar los instrumentos de vaciamiento de las consecuencias de una siembra maldita es la opción conservadora; mejorar el cierre de la canilla que produce duras consecuencias es la opción de izquierda. Dramáticamente, Layera se quita la contraproducente capa supermánica con la que la Policía persigue fondos, poder y normativa favorable desde hace mucho y, modestamente y con fuerza, advierte que la represión no será suficiente si valores novedosamente hegemónicos inducen a una escalada de ilegalidad y marginación con características progresivamente cruentas en la dilucidación de conflictos sociales. Afirma que la represión policial no será suficiente. Más cerca de la opción progresista y de izquierda, parece. Que tome nota el gobierno, a quien lógicamente le duele tener que reconocer la insuficiencia de lo hecho para perseguir lo que querrían evitar pero no han podido.