Un mal viaje
Hay viajes que vienen para mal. Milei creyó que iba a arrasar, que destruiría la imagen de Lula y de Moraes. Partía de una visión absolutamente equivocada de la situación brasileña, al igual que creía que estaba arrasando en su propio país, cuando en realidad su apoyo se ubica en torno al 30 por ciento, mientras que su rechazo llega a casi el 70 por ciento.
La vida y la historia no se hacen conforme a la voluntad de las personas, por más fervorosas que sean estas. América Latina exhibe hoy a tres gobiernos que van muy bien, con políticas antineoliberales —México, Brasil y Uruguay—, con fortalecimiento del Estado y de la democracia. Mientras que otros —entre ellos Argentina, Ecuador y Chile— presentan resultados sociales absolutamente negativos y un debilitamiento del rol del Estado y de la democracia. Incluso Chile, donde el recién asumido presidente de extrema derecha empieza su mandato con gran desgaste.
No es cierto que la derecha y la extrema derecha se fortalezcan en el continente. La contraposición entre los gobiernos neoliberales y los antineoliberales favorece claramente a la izquierda.
Milei se ha vuelto un fenómeno ridículo, hasta el punto de que casi nos olvidamos de que se trata del presidente de un país importante como la Argentina.
Lo que queda
Mientras Lula tiene garantizada su reelección, Milei tiene la perspectiva de ser derrotado en las elecciones del próximo año, con el favoritismo del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof. Mientras Lula tendrá un cuarto mandato, Milei probablemente no pasará del primero.
Así sigue la vida inteligente después del vergonzoso paso de Milei por Brasil.
Por Emir Sader para Página12