La acusación principal de este caso, uno de los 16 que hay abiertos contra Bolsonaro, deriva de un encuentro al que convocó en su calidad de presidente de la república a buena parte del cuerpo diplomático extranjero. A tres meses de las elecciones, el ultraderechista y propagador de teorías de la conspiración los recibió en el palacio presidencial para pronunciar ante ellos un encendido discurso en el que criticó duramente a las autoridades electorales—las mismas que ahora lo juzgan— y contra la seguridad del sistema de votación.
El exmandatario minimizó, este miércoles ante la prensa, el calibre de las acusaciones: “Vi el resumen de algunos votos. Uno de ellos decía que interferí en el resultado de las elecciones. Si interferí, debería haber ganado, ¿no?
¿Qué interferencia hice durante la reunión con los embajadores? ¡Por el amor de Dios! Un presidente que reúne a embajadores para hablar sobre el sistema electoral, ¿eso es un delito capital?”, dijo en Río de Janeiro mientras en Brasilia los jueces decidían su futuro político y añadió en un símil futbolístico: “¿Tarjeta roja por reunirme con los embajadores?”.
El expresidente tiene múltiples frentes judiciales abiertos además de este.
Miles de sus seguidores asaltaron a las bravas, ante la indiferencia de militares y policías, el corazón del poder político y judicial en Brasilia el 8 de enero, emulando el asalto al Capitolio de los trumpistas. Bolsonaro condenó la invasión pero existen fuertes indicios de que algo se gestaba en su círculo más íntimo.