Aunque la revuelta republicana no disfrutaba de apoyo popular masivo, los monárquicos tampoco gozaban de simpatías suficientes para una oposición armada a la sublevación. Ante la falta de apoyo, el 5 de octubre Manuel II, refugiado en el palacio de Mafra, huyó desde las playas de Ericeira, al norte de Lisboa, a Gibraltar con toda la familia real.
Luego de la revolución, un gobierno provisional encabezado por Teófilo Braga dirigió los destinos del país hasta la aprobación de la Constitución en 1911 que marcó el inicio de la Primera República. Entre otras cosas, con la instauración de la república se cambiaron los símbolos patrios: el himno nacional y la bandera. La revolución produjo algunas libertades civiles y religiosas.