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Internacionales

Trump y el rediseño militar de Medio Oriente

Trump habilita un programa nuclear en Arabia Saudita y rediseña el mapa militar de Medio Oriente entre alianzas tácticas y negocios familiares.

Trump habilita un programa nuclear en Arabia Saudita y rediseña el mapa militar de Medio Oriente entre alianzas tácticas y negocios familiares.

“Sin duda, si Irán desarrollara una bomba nuclear, haríamos lo mismo lo antes posible”. La frase, pronunciada en 2018 por el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman, cobra hoy un sentido mayor, pero también mucho más trágico.

Un acuerdo nuclear con Riad que abre la puerta a la bomba

En julio, en un momento álgido de la guerra contra Irán, Washington dio un paso más en la peligrosa tendencia de la proliferación global de recursos nucleares al suscribir un acuerdo de cooperación con Riad, mediante el cual se construirá en territorio árabe una planta de enriquecimiento de uranio para fines civiles. El temor de fondo, sin embargo, es que el entendimiento incentivado por Donald Trump pueda propiciar el desarrollo de armamento nuclear, desencadenando de ese modo una carrera armamentística en el siempre volátil escenario de Medio Oriente, a partir del creciente antagonismo entre la nación sunní y el régimen persa.

El acuerdo restringe inicialmente el enriquecimiento de uranio a menos del cinco por ciento, pero tras un estudio adicional y un acuerdo por escrito, permite que dicho límite aumente al veinte por ciento, un nivel que permite alcanzar rápidamente el grado necesario para fabricar armas nucleares.

Por otra parte, el nuevo convenio autoriza a las empresas estadounidenses a impulsar proyectos de energía nuclear por valor de decenas de miles de millones de dólares en Arabia Saudita, con la esperanza de que esta medida fortalezca los lazos entre la Casa Blanca y el régimen saudita e impida la colaboración del reino con países adversarios como Rusia y China.

Críticas en el Congreso y dudas sobre los controles

En el Congreso, los demócratas buscan capitalizar en términos políticos el rechazo al acuerdo antes de que tengan lugar las elecciones de medio término del 3 de noviembre. En un tiempo límite de noventa días, la oposición intentará aprobar una ley para bloquear el apoyo del gobierno republicano a una iniciativa en Medio Oriente que está generando una fuerte controversia.

Los legisladores demócratas han cuestionado cómo la administración Trump pudo establecer un acuerdo que abre la puerta a un enriquecimiento del 20 por ciento, cuando criticó tan duramente el acuerdo nuclear con Irán de 2015, llevado adelante por el expresidente Barack Obama, que limitaba el enriquecimiento al 3,67 por ciento durante 15 años.

Otra preocupación es el proceso de inspecciones, ya que el acuerdo planteado por Trump no exige que Arabia Saudita participe en el “Protocolo Adicional”, que obliga a un país a proporcionar al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) la información sobre todas las etapas del ciclo del combustible del programa nuclear y la posibilidad de realizar una conveniente fiscalización sobre las instalaciones donde se desarrolla la investigación.

Por su parte, la agencia presidida por el argentino Rafael Grossi, actualmente embarcado en la carrera por la Secretaría General de las Naciones Unidas con apoyo del gobierno de Javier Milei e, indirectamente, también del de Trump, asume como plausible la versión sobre el uso pacífico de la energía atómica que podría producirse en Arabia, por lo que podrían relajarse los controles e, incluso, las visitas a los centros de procesamiento de uranio.

Negocios que rozan al entorno de Trump

Más allá de las críticas y de las preocupaciones, la Casa Blanca cree que, incentivando el acuerdo nuclear en Arabia Saudita, en realidad, está contribuyendo a la estabilización de una región siempre convulsionada por las amenazas, las reacciones y los desbordes bélicos. Más aún, porque considera como una garantía que sean empresas estadounidenses las que están colaborando en el proceso de enriquecimiento de uranio, frente a cualquier otro competidor apoyado por gobiernos rivales.

El acuerdo nuclear abre un mercado de miles de millones de dólares para la industria energética, tecnológica y de construcción de infraestructura de los Estados Unidos, pero también ligadas al entorno más cercano al presidente.

Para la construcción del reactor nuclear se espera la participación de la empresa Westinghouse que, a su vez, es un socio comercial frecuente de la inmobiliaria Newmark, propiedad en parte de los hijos del secretario de Comercio de Trump, Howard Lutnick. Otro posible beneficiario es Peter Thiel, uno de los principales donantes de Trump, con clara influencia en el vicepresidente JD Vance, y un importante inversor en la empresa de combustible nuclear General Matter.

Además, son conocidas las vinculaciones económicas entre la dinastía árabe y la familia presidencial de los Estados Unidos. Los hijos de Trump, Eric y Donald Jr., adquirieron una participación en la empresa de combustible nuclear Quantum Leap Energy que podría ser utilizada por Arabia, en tanto que el yerno presidencial, Jared Kushner, aceptó una inversión de 2 mil millones de dólares de un fondo soberano saudí que podría ser utilizado como un recurso de vital importancia para la construcción de toda la infraestructura necesaria.

Una “OTAN islámica” y la tensión con Israel

El contexto en el que se produjo el entendimiento con Washington es inquietante. Más aún, porque el 7 de agosto, Arabia Saudita junto a Pakistán y Turquía activaron un pacto de defensa mutua en respuesta a los repetidos ataques de los hutíes contra la infraestructura saudí. Como si se tratara de una OTAN islámica, desde un inicio se estableció que “cualquier ataque armado contra cualquiera de los tres estados se considerará un ataque contra todos ellos”.

El nuevo Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca cuenta con una fuerza militar combinada de casi 1,4 millones de efectivos en activo, además de sus 3.400 aeronaves, 6.000 tanques y más de 340 buques navales. Turquía posee el ejército más grande de la OTAN, con cerca de medio millón de soldados y, al menos hasta ahora, Pakistán es el único país de mayoría musulmana con armas nucleares en todo el mundo.

El 5 de octubre, el Acuerdo entró en acción con la movilización militar en territorio árabe frente al agravamiento del conflicto civil en Yemen, y a las incursiones armadas de los hutíes que han golpeado infraestructura crítica como aeropuertos, hospitales y centrales energéticas árabes.

Si bien el programa de desarrollo nuclear de Arabia Saudita y la conformación de la liga militar junto con Turquía y Pakistán tiene como eje central un posible enfrentamiento directo contra Irán y contra aquellas organizaciones vinculadas al régimen chiita, como es el caso de los hutíes, al mismo tiempo no deja de resultar amenazante también para Israel.

Frente al rechazo por el gobierno de Netanyahu, Trump advirtió que el financiamiento al proyecto atómico saudí solo se haría efectivo si Arabia normaliza sus relaciones con el Estado israelí, una decisión que, de todos modos, Riad posterga hasta que Tel Aviv finalmente garantice la existencia de un Estado palestino independiente. Una circunstancia altamente compleja que, por lo visto, no altera los planes para que la Casa Blanca avance en el rediseño militar de Medio Oriente.

La elección de fortalecer militarmente a Arabia Saudita por sobre el imperativo de seguridad de Israel constituye en la actualidad un ejemplo acabado de cómo para Trump (y, por derivación, también para los Estados Unidos) las alianzas estratégicas pueden convertirse, sin mayor dificultad, en asociaciones tácticas en torno a situaciones imprevistas, a nuevos escenarios pero, sobre todo, a la posibilidad de llevar adelante negocios de alta rentabilidad en un mediano plazo.

Por Daniel Kersffeld para Página12

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