Marschalek y su equipo creen que, una vez dentro del núcleo celular, ciertas partes del ADN de la proteína de pico se dividen y crean versiones ‘mutantes’ que, en muy raras ocasiones, desencadenan los coágulos de sangre, en lo que el artículo denomina el síndrome de «Mimetismo del covid-19 inducido por vacuna».
La solución
El estudio sugiere que los fabricantes de vacunas podrían alterar la secuencia genética que codifica la proteína de pico para evitar la división no intencionada y aumentar la seguridad de estos fármacos.
«Con los datos que tenemos en nuestras manos, podemos decirles a las empresas cómo mutar estas secuencias, codificando la proteína de pico de una manera que evite reacciones de empalme no deseadas», aseguró Marschalek en una entrevista con Financial Times, en la que subrayó que Johnson & Johnson ya se ha puesto en contacto con su laboratorio al respecto.
En una declaración enviada a Reuters, Johnson & Johnson sostiene que apoya «la investigación y el análisis continuos de este raro evento» mientras trabaja con expertos médicos y autoridades de salud global. «Esperamos revisar y compartir los datos a medida que estén disponibles», añadió, mientras que AstraZeneca declinó hacer comentarios.
«Una hipótesis»
Entretanto, otros científicos subrayan que la explicación de Marschalek y sus colegas es, de momento, tan solo «una hipótesis», que aún no ha sido examinada por otros expertos. «No quiere decir que no sea cierto, pero tienen que probar que sea así», matiza en declaraciones a 20 minutos la inmunóloga del Instituto de Salud Global de Barcelona, Adelaida Sarukhan. En la misma línea, la inmunóloga del Consejo Superior de Investigaciones de España (CSIC) Matilde Cañelles subraya que le parece «muy prematuro» decir que esto prueba directamente el mecanismo de los trombos.