Además, el investigador afirmó que la Proxalutamida se administraría a pacientes leves y moderados, pero los resultados mostraron que las muertes fueron provocadas por insuficiencia renal o hepática, características de pacientes muy graves. Además, en un principio el investigador apuntó que fallecieron 170 personas, pero luego la cifra subió a 178, y en una tercera versión se llegó a 200.
«Hay dos hipótesis básicas: digamos que lo que están diciendo sea verdad y que la sustancia tiene un efecto espectacular para combatir el covid-19, ellos cometieron un error gravísimo, porque tendrían que haber interrumpido la investigación tras la muerte de los participantes. La otra hipótesis es que hayan falsificado totalmente el resultado. Abocaron a la muerte a 200 personas en una investigación que no tiene ningún valor científico, es un completo absurdo», criticó el coordinador de la Conep, Jorge Venâncio.
La investigación fue suspendida por orden de la Conep a finales de mayo, pero aún así los investigadores realizaron una petición para registrar otros centros de investigación, esta vez en el estado de Santa Catarina. También realizaron otro ensayo clínico clandestino con proxalutamida en un hospital militar de la ciudad de Porto Alegre.
La semana pasada, investigadores de la Red Latinoamericana y del Caribe de Educación en Bioética de la Unesco divulgaron una nota alertando de que este podría ser uno de los «episodios más serios y más graves de infracción ética y de violación de los derechos humanos de pacientes en la historia de Latinoamérica». «Ninguna emergencia sanitaria o contexto político o económico justifica hechos como estos», destacó el organismo, pidiendo que se investigue y se depuren responsabilidades.