La caída del monstruo
Es una buena noticia que el monstruo fascista de Donald Trump haya sido derrotado. Su liderazgo embrutecido, supremacista y misógino, decididamente a favor de los más ricos, tuvo consecuencias nefastas en Estados Unidos y en América Latina, donde bajo el manto de su influencia, creció una ultraderecha rancia, sin vergüenza de exponer un ideario repugnante, con Jair Bolsonaro y los golpistas bolivianos como emblemáticos ejemplos. Habrá que ver ahora cómo se desarrollan los acontecimientos en una sociedad profundamente dividida y polarizada, armada hasta los dientes, con el provocador de Trump negándose a reconocer los resultados y azuzando con su diatriba a las turbas de delirantes que componen los proud boys y otras milicias irregulares que se movilizan como si nada. Y habrá que ver, posteriormente, cuando la elección se defina y Trump deba abandonar la Casa Blanca, cómo gobierna Joe Biden, un típico demócrata conservador, que probablemente gobierne para las corporaciones que cortan el bacalao en Estados Unidos, pero no ostente un odio visceral con los afrodescendientes, los homosexuales y las mujeres, aun cuando eso no previene de que inicie sus propias guerras imperialistas y continúe comportándose como patrón del mundo.