La coalición se terminó con esta renuncia forzada porque es imposible soslayar que Ernesto Talvi era el socio más importante del gobierno, en tanto es el líder más votado del Partido Colorado, que es el segundo partido de la coalición. A Lacalle Pou le queda explotar las contradicciones entre Sanguinetti y Talvi y buscar la división de Ciudadanos mediante la cooptación de dirigentes, pero es Talvi el que tiene los votos, la mayoría de los legisladores y la mejor imagen pública entre los colorados, por lo que más temprano que tarde se las va a cobrar todas, porque además está claro que el excanciller quedó con la sangre en el ojo y es un hombre profundamente temperamental y rencoroso.
El otro socio de la coalición es Cabildo Abierto, liderado por Guido Manini Ríos. A Manini, Lacalle Pou no sabe cómo manejarlo, es un general acostumbrado al mando y a la obediencia de la tropa. Va a estar en el gobierno hasta que lo considere y va a poner las condiciones que se le canten. Lo va a dejar a pata en las leyes que se le ocurra y le va a exigir al presidente tantas concesiones como necesite. El presidente sabe que Manini tiene un poder muy superior a su representación y que no puede contar con él para absolutamente nada que el general no esté absolutamente dispuesto y convencido. Manini es el dueño de la gobernabilidad parlamentaria y va a marcar los tiempos de este gobierno. Lacalle Pou va a gobernar hasta que Manini quiera, y a partir del momento en que a Cabildo Abierto se le ocurra que se le terminó el changüí, el gobierno herrerista se queda sin base parlamentaria, sin gabinete multicolor y empezarán a desfilar los ministros interpelados por ellos mismos. La velocidad de esa ruptura es la velocidad de la crisis, y la crisis que se avecina en términos económicos y sociales es rápida y es tremenda.
El Presupuesto será el momento demarcatorio del fin de la coalición. La voluntad de ajuste de Lacalle Pou se va a enfrentar a las pretensiones de los ministros de los sectores coaligados. Cabildo Abierto va a querer recursos para gestionar sus ministerios del “área social” y poder llevar adelante una política expansiva, porque el sueño de los cabildantes es conquistar el poder y no se puede juntar votos jugando al achique, bajando el gasto, echando gente, suprimiendo programas y sin cortar cintas, muchos menos entre los más humildes, que son los que más precisan del Estado y que es el nicho al que apunta Cabildo Abierto.
Aunque el blindaje mediático es mucho y la agencia de marketing hace un trabajo denodado y destacable, este gobierno se conduce a indicadores sociales graves, y en cuatro meses ha mostrado más desprolijidades y suscitado más escándalos que ningún gobierno de los últimos 35 años en un período comparable de “luna de miel”. Camina directo hacia el fracaso y la impopularidad, y eso es notable para todos los observadores atentos, sobre todo entre sus aliados, que no van a querer estar a bordo cuando comience el hundimiento.