La contemplación y el desastre
La estrategia del presidente Lacalle Pou para manejar la epidemia no tiene asidero científico ni respaldo político por fuera de los límites de su sector. Eso es público y evidente. La disconformidad de los portavoces del grupo científico asesor y la incomodidad de los socios políticos de la coalición son inocultables, pero también es notorio el ejercicio de prudencia extremo que practican para no aparecer en el espacio público como serios contradictores de la gestión oficial. ¿De qué otro modo puede interpretarse la expresión “blindemos abril” de Rafael Radi? Si Radi hubiese querido ubicarse en un territorio menos abstracto, sin dar espacio a multitud de interpretaciones, lo habría hecho. Podría haber reseñado las medidas contenidas en el documento del GACH del 7 de febrero y repasarlas como una lista de supermercado, pero no lo hizo. Dijo “blindemos abril”, que es más o menos como el deseo de que el bien triunfe sobre el mal y la vida sobre la muerte. No se puede negar ni su profundidad filosófica ni su corrección política, pero tampoco puede ignorarse que es un mensaje que muestra lo importante, pero esquiva lo fundamental: ¿Quién debe ser el responsable de blindar?