Ahora bien, ya es bastante notable que, superada la pandemia que marcó el último año y medio, el gobierno no tiene nada para mostrar. No me refiero a programas de la Reforma de la Salud del primer gobierno del Frente Amplio o el Plan Ceibal o el Plan de Equidad o el Sistema Nacional de Cuidados o la Reforma Impositiva que introdujo el IRPF. No, este gobierno no tiene grandes programas o cosas para mostrar ni de esa magnitud ni de ninguna otra, salvo adjudicarse la gestión de la epidemia sin tomar medidas restrictivas en nombres de un fundamentalismo liberal (que, en opinión de la comunidad científica y médica supuso miles de muertes evitables) o la vacunación relativamente rápida contra la covid, como si conseguir vacunas para cubrir el puñado que somos representara un mérito extraordinario.
Y, por el contrario, los resultados de las políticas que sí se han llevado adelante en este último año son tremendamente elocuentes. No hay grandes iniciativas creadoras, pero sí hay orientaciones y, sobre todo, orientaciones de destrucción de lo anterior. Eso es notorio. Se han desarmado programas, desfinanciado proyectos, dependencias del Estado, se ha hecho ajuste por todos lados e incluso se ha permitido o alentado una reducción continua del salario real. Este ajuste perpetuo y desmantelamiento de políticas públicas ha contribuido al incremento de la pobreza y de la pobreza extrema, más aún porque se hizo sin miramientos, sin tomar en cuenta que ya los efectos de la pandemia eran devastadores.
Entonces, un gobierno que no puede mostrar programas que atiendan las necesidades de la gente, que ha gobernado ajustando, salvo en el rubro del control del agenda y el blindaje -son obscenos los beneficios que se han brindado a los canales, incluso permitiéndoles legislar una ley a su favor- se enfrenta a un referéndum antes de la mitad del mandato y ese referéndum les condiciona los tiempos de lo que tienen en la cabeza. Lo que quieren hacer, eso para lo que vinieron, no lo pueden hacer antes del referéndum, porque saben que es un programa que será profundamente impopular ni bien se conozca. No les queda otra que actuar en la sombras, esperando el momento político propicio para dar el zarpazo. Y eso nunca será antes de una instancia plebiscitaria en la que se juega buena parte del instrumento legal de la restauración.
Por eso no aumentaron los combustibles este mes. Y quizá no lo hagan en los próximos meses aunque los costos internacionales sigan creciendo. Han puesto en el freezer todo lo que tienen. No quieren mostrar, quieren inducir un estado de ánimo de serenidad, de que ya se detuvo el ajuste, de que de ahora en adelante todo va a ser más fácil, más llevadero, menos restrictivo, menos jodido para los bolsillos de la gente. Hasta que sea el referéndum. Después de esa instancia, si ganan, agarrate. Todo lo que ahora esconden, va a aparecer multiplicado.