Utilizando como recurso el terrorismo de Estado, así como la imposición de la lógica del miedo y la delación, se intentó acallar toda expresión que fuera opositora al golpe y que defendiera la democracia.
La dictadura, que nació huérfana de todo apoyo popular, reprimió durante las demostraciones y manifestaciones callejeras, militarizó a los trabajadores estatales, puso fuera de la ley a la central y a sus dirigentes, tratados como criminales y delincuentes. El Cilindro Municipal, por entonces el estadio cerrado más grande del país, se transformó en una cárcel para albergar a los cientos de sindicalistas, estudiantes, periodistas e intelectuales que habían caído presos en el golpe de Estado.
En tanto, la dictadura uruguaya optó por la práctica sistemática y masiva de la violencia, la detención, la tortura y la condena a largos años de cárcel a sus enemigos; el movimiento sindical, por su parte, comenzó con la huelga general a recorrer caminos de resistencia y de un accionar político capaz de involucrar a las mayorías populares.
La dictadura responde
En respuesta a esta medida de lucha, la central sindical fue ilegalizada y sus principales dirigentes, proscriptos.
El 9 de julio tuvo lugar una multitudinaria manifestación popular en contra del golpe, la cual fue brutalmente reprimida y que culminó con cientos de detenciones, entre ellas la del excandidato presidencial del Frente Amplio, general Liber Seregni, quien fuera preso a partir de ese día, sometido a justicia militar y degradado de su rango.
El 11 de julio la Mesa Representativa de la CNT evalúa el desarrollo de la huelga, el grado de organización y movilización de la central y define levantar la medida, pero no la lucha.
Seguirían años de combate en la clandestinidad o utilizado los espacios que se generaban, demostrando la permanencia de la clase obrera organizada durante toda la dictadura.
La huelga general no fue solamente un hecho heroico, sino el comienzo de la resistencia que perduraría por todo el tiempo que duró la represión, el terrorismo, la persecución de todo intento de accionar democrático. Un hecho que marcó, por lo menos, el aislamiento total y, desde el principio, todo apoyo político o social de masas a la naciente dictadura.