No hay situación mas favorable para la izquierda. Se vive, aun con limitaciones (mas todavía en Brasil), un sistema democrático, con disputa electoral, pero, a la vez, con gobiernos con programas profundamente antipopulares, que acumulan recesión y desempleo masivo. Las condiciones son inmejorables si la izquierda logra resolver sus problemas internos.
Esa lucha requiere, antes de todo, un programa netamente antineoliberal, con acento en la retomada del desarrollo económico, con políticas de inclusión social, priorizando un plan de emergencia para la lucha en contra del desempleo. Requiere asimismo unidad entre las fuerzas populares, con un liderazgo claro, que exprese la confianza del pueblo en los que han liderado los gobiernos que han garantizado y extendido sus intereses. Necesita también incorporar temas que no habían sido abordados antes, o no de forma suficiente, como la democratización de los medios, la democratización del Poder Judicial, la reforma tributaria, la reforma bancaria.
Pero nada de eso tendrá efecto y la izquierda no estará a la altura de las posibilidades actuales si no hay un verdadero espíritu de unidad, de conciencia de la lucha en contra del modelo neoliberal; es el objetivo fundamental de la izquierda y del campo popular, y a ese objetivo debe estar sometido todo el resto. Ambiciones personales, concurrencias entre liderazgos, rencores, tienen que ser dejados a un lado para que la fuerza potencial de la izquierda se vuelva realidad mediante un liderazgo que unifique toda la lucha. Si no es el líder tradicional, por una u otra razón, tiene que ser otro, pero que represente toda la fuerza unificada del pueblo.
Si no, la izquierda perderá una oportunidad histórica única, en que la derecha está reducida a un proyecto de gobierno que ya ha fracasado, que no tiene capacidad de conquista de amplios apoyos populares, que sólo puede sobrevivir por la división de la oposición y por sus maniobras jurídicas y mediáticas, pero que solamente puede funcionar si la oposición no reacciona unida a esas maniobras.
Es probable que Brasil confirme el viraje de la situación, reabriendo el camino para gobiernos antineoliberales. Cada país, cada izquierda, encontrará su forma de catalizar la fuerza popular, el desgaste de gobiernos neoliberales. Pero si no se une, no estará a la altura de las circunstancias, no será la izquierda que el pueblo necesita, que nuestros países necesitan y que América Latina requiere. La izquierda no tiene el derecho de perder, tiene la obligación histórica de ganar.