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Columna destacada | política

Las señales oscuras son claras

En el último mes, y en materia de política internacional, se dieron cuatro hechos que no deben analizarse de manera aislada.

El primero involucra a la vicecanciller Valeria Csukasi. En el programa de streaming Al Weso, conducido por Jorge Balmelli, el 22 de agosto de 2026, el periodista le planteó, en esencia, qué ocurriría si Benjamín Netanyahu llegara a Uruguay, teniendo en cuenta que la Corte Penal Internacional (CPI) había emitido una orden de arresto contra el primer ministro israelí. Csukasi respondió que Uruguay estaría obligado a actuar en cumplimiento de sus compromisos con la CPI: “Uruguay está obligado por sus compromisos ante la Corte Penal Internacional a ejercer y actuar sobre esa orden de captura internacional. Eso es indiscutible”. Agregó que la única alternativa sería que Uruguay se retirara de la CPI. Ante la pregunta concreta de si Uruguay debería colaborar con la detención de Netanyahu si ingresara al país, respondió afirmativamente, aunque señaló que en la práctica consideraba que Netanyahu “nunca va a venir”.

El segundo hecho se dio poco después. Ante varios micrófonos de la prensa, el presidente de la República la desautorizó públicamente, señalando: “Uno tiene que ser muy cauto y muy cuidadoso con los hechos. Ahora, con algo que no es un hecho... hay que evitar cualquier opinión”. “Sobre hechos que no son concretos, prefiero ni opinar”. Sobre si consideraba inconvenientes las declaraciones de Csukasi, respondió: “Hablar sobre lo que ocurre es complejo, sobre lo que ni siquiera existe está de más”.

El tercero provino de la fuerza política. El 25 de agosto, tras participar en las actividades por el Día del Comité de Base, el presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, fue consultado por las declaraciones de Csukasi. Si bien señaló que comprendía el planteo del presidente en cuanto a no opinar sobre una situación hipotética, su respuesta fue contundente: “Si a mí me preguntan (si habría que arrestar a Netanyahu en tal caso), yo digo que hay que cumplir con el derecho internacional. Nuestro país y cualquier país del mundo. No debería ser una novedad”.

Traducido al criollo, y sin ánimo de convertirme en exégeta de nadie, el presidente del Frente Amplio contradijo políticamente la desautorización del presidente de la República a la vicecanciller, asegurando que él hubiera respondido lo mismo.

Paralelamente, el diputado frenteamplista Sebastián Valdomir fue entrevistado por Crónicas el 28 de agosto y le preguntaron expresamente si los dichos de Csukasi representaban más la postura del Frente Amplio que la del Gobierno.

“Posiblemente haya sido dicho en esa dirección”, respondió y agregó que lo expresado por Csukasi estaba “más alineado a lo que el Frente Amplio ha discutido y declarado en sus posicionamientos políticos”. Además, Valdomir dijo que el Gobierno había sido “demasiado cuidadoso” con Israel y Gaza, y que en ese punto “no se admiten medias tintas”.

Ahora, para no reducir el asunto a una divergencia entre Orsi y Csukasi, conviene recordar un antecedente institucional importante. El Secretariado Ejecutivo del Frente Amplio, el 3 de junio de 2025, aprobó una resolución sobre Gaza en la que llamó a condenar los “crímenes de lesa humanidad y genocidio” cometidos contra Palestina por el Gobierno de Israel encabezado por Netanyahu, y llamó a respaldar acciones destinadas a defender los derechos humanos, respetar los organismos internacionales y alcanzar la paz.

Ya es inocultable que existe una tensión objetiva entre lo que el Frente Amplio ha declarado institucionalmente y la prudencia con la que el Gobierno de Orsi está manejando el tema.

Pese a todo, la postura de Csukasi no está totalmente clara; quizá porque su cargo le impide ser más tajante. Sin embargo, y por esos días, en una actividad del FA, cuando una militante le reclamó precisamente una política internacional más audaz, la vicecanciller reconoció que existen discrepancias dentro del Gobierno y dijo algo extraordinariamente revelador: “Hay gran parte del Gobierno que siente lo mismo que vos”.

Esto permite plantear el conflicto de una manera mucho más profunda: Csukasi no estaría necesariamente enfrentada al Frente Amplio. Podría estar expresando una posición que existe dentro del propio Gobierno y que coincide con buena parte de la militancia.

Yendo un poco más atrás, el 9 de octubre de 2025, la vicepresidente de la República, Carolina Cosse, no solo participó en la marcha en apoyo al pueblo palestino, sino que dijo a la prensa: “Sí, es un genocidio”. Orsi y Lubetkin siguen negándolo.

El cuarto hecho habla por sí solo y la fecha importa; porque termina poniendo todas las cartas sobre la mesa y clarificando de qué lado de la historia decide colocarse cada uno.

El Congreso Judío Latinoamericano (CJL) se realizó en Uruguay entre el 30 de agosto y el 1 de septiembre, o sea, en la misma semana en que se planteaban posturas opuestas entre la fuerza política y el gobierno y dentro del mismo Gobierno.

No fue simplemente una actividad protocolar aislada: se trató de una reunión de la Junta Directiva del CJL junto a los presidentes de las comunidades judías de Uruguay, Argentina, Brasil, Paraguay, Chile, Perú, El Salvador, Colombia y Costa Rica.

Durante el encuentro, Orsi participó y saludó a Daniel Hadad, fundador y CEO de Infobae. Hadad recibió un reconocimiento del Congreso Judío Latinoamericano por su “compromiso y amistad con el pueblo judío” y por su postura frente a lo que esta organización denomina terrorismo.

El evento incluyó además un homenaje a David Fremd, asesinado en Uruguay en 2016 en un ataque que esta organización considera antisemita.

Además del presidente de la República, estuvo presente Eldad Hayet, nuevo embajador de Israel en Uruguay, quien transmitió un mensaje al cierre del evento.

El noticiero Subrayado, de Canal 10, comentó: “Dirigentes israelíes han valorado la actitud del presidente Orsi respecto a Israel, que ha tenido una postura de prudencia diplomática pese a las presiones políticas de la internas del partido de gobierno”.

A todo lo anterior deberíamos sumar que el 16 de julio se realizó la “Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político”, convocada y liderada por el secretario de Estado Marco Rubio. Se trató de una cumbre de ultraderechistas y sometidos para desarrollar un plan de aniquilamiento, por diversos medios, de la izquierda internacional.

La Cancillería envió una delegación de la Embajada en Washington en representación de Uruguay, por lo que en el escenario, y como símbolo ante la opinión pública mundial, estaba la bandera uruguaya.

Hasta el martes 21 la versión oficial era que se había enviado a una funcionaria de segundo orden con la directiva de “solo escuchar”. Sin embargo, El Observador informó que fue el embajador uruguayo en Estados Unidos, Daniel Castillos, el que participó y el mismo Marco Rubio publicó una foto de ambos en el evento.

Por otra parte, en los últimos días (y a sugerencia de Andrés Ojeda) el presidente ha insistido en reunirse con los líderes de la oposición para consensuar lo que dirá o no dirá en la Asamblea de la ONU a fines de septiembre.

El problema es que, mientras Yamandú busca que la derecha se sienta cómoda con su política exterior, la izquierda se siente incómoda con ella. El presidente insiste en conseguir el aplauso de algunos adversarios aun a cambio de la pérdida del entusiasmo de sus propios compañeros.

Yamandú puede y debe utilizar su próximo discurso ante Naciones Unidas para hablarle a todos los uruguayos; pero debería recordar que llegó a la Presidencia representando a una fuerza política concreta, una fuerza política que no necesita pedir permiso a la derecha para defender sus principios.

Gobernar para todos no significa olvidar de dónde se viene y por qué y para qué estamos aquí.

Lo advertimos hace un año: este rumbo nos lleva al precipicio. Nos acusaron de traidores; pero, lamentablemente, las encuestas nos dieron la razón.

Cuidado, porque una fuerza política puede sobrevivir a una derrota electoral. Lo que no puede es sobrevivir a la pérdida de identidad, y si esta política exterior continúa alejando al Gobierno de la identidad histórica del Frente Amplio, Lubetkin terminará siendo el sepulturero del Frente Amplio que conocimos.

Pero el dueño de la pala no es el ministro.

Es el presidente.

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