La explicación de un comportamiento tan peculiar la propone el propio Vreeland en su ensayo Buscando condiciones, no dinero: el acuerdo de Uruguay con el FMI en 1990, publicado originalmente en inglés por Cambridge University Press en 2003. Allí dice que Lacalle buscó firmar el acuerdo no por el dinero del préstamo, que prácticamente ni siquiera retiró, sino porque era la forma de aplicar las políticas que quería, pero para las que no tenía suficiente apoyo. O sea, Lacalle quería apoyar esas políticas criminales, pero como no tenía respaldo para hacerlas, buscó que el FMI nos las impusiera.
“Ahora bien, supóngase -escribe Vreeland- que un gobierno busca imponer un conjunto de medidas (impopulares) de austeridad económica, enfrentando una dura oposición política a nivel doméstico. Mi argumento es que esta era la situación de Uruguay en 1990. El presidente Luis Alberto Lacalle firmó el acuerdo con el FMI no para la obtención de un préstamo, sino por la condicionalidad que dicho préstamo imponía”. Y yo me pregunto qué clase de psicópata es capaz de eso. Someterte al FMI y además hacerlo cuando no se precisaba la plata. Solo de gracia nomás, de maligno que sos.
Este mecanismo de imponer políticas devastadoras usando para eso acuerdos con el FMI que no son necesarios se ha aplicado en el mundo un montón de veces. Según Vreeland, entre 1952 y 1990, en 218 de 644 veces que los países participaron en programas del Fondo, lo hicieron sin precisar de esos recursos, solo para poder remover las resistencias políticas a aplicar medidas de tanta impopularidad.
Recordemos que fue en el marco de estos acuerdos que Lacalle intentó privatizar las empresas públicas, reformar la seguridad social y eliminó los Consejos de Salarios, en 1992. Algunas de sus políticas neoliberales fueron paradas por el pueblo. La gesta más recordada es el plebiscito de la ley de empresas públicas el 13 de diciembre de 1992, cuando la inmensa mayoría de los uruguayos logró derogar la ley que hubiese privatizado todas las empresas del Estado.
Un dato que se conoce poco es quiénes negociaban esos acuerdos desastrosos con el FMI en representación del Estado uruguayo. Ahora bien, según su currículum vitae, en esa época había un asesor en jefe del ministerio de Economía que se reunía todas las semanas con el ministro de Economía, el presidente del Banco Central y el presidente de la Banco República. Este asesor fue designado como el negociador principal en relación con las misiones del FMI, y durante su período como negociador, se suscribieron los dos acuerdos mediante los cuales tanto daño se le hizo a nuestro país. Lo consigna, orgulloso, en su CV. Ese asesor se llamaba Ernesto Talvi.