La pandemia provocada por el Covid-19 en el comienzo del gobierno herrerista es una casualidad histórica que sirvió para culpar a otro. Igual que antes culpaban a los trabajadores, a los vecinos argentinos, a los comunistas o a los tupamaros, ahora la culpa la tiene el coronavirus. Pero sin pandemia también el gobierno hubiera achicado los salarios y las jubilaciones, debilitado la salud y la educación pública, fortalecido el aparato represivo y las leyes más punitivas, desguazando las empresas y los bancos públicos. Hubieran hecho lo mismo y por lo mismo habría más pobreza, más desocupación y más deterioro del salario. El miércoles 24 de febrero la ministra de Economía Azucena Arbeleche se presentó en el Parlamento convocada por el Frente Amplio. Lo seguro es que la pobreza aumentará en Uruguay entre dos y tres puntos porcentuales, confesó Arbeleche. Esto a pesar de que las transferencias en políticas sociales “aumentaron 60%”, que los beneficiarios de esas políticas “crecieron en un 40%”, y que durante 2021 el Fondo Coronavirus terminará con 711 millones de dólares. Un gasto total de US$ 1.217 millones, según ella, en el que sumó más de US$ 500 millones de garantía de préstamos para las empresas a través del SIGA, lo cual fue cuestionado por la oposición y por analistas privados. Según la ministra, el último dato oficial refiere al año 2019, de acuerdo con el cual el número aumentó en 25.000 personas. Sin embargo, para el año 2020 -indicó- los datos que recaba el Instituto Nacional de Estadística (INE) “todavía no están disponibles”. El gobierno parece poseer escasa información, navegando en medio de una tormenta sin tener más rumbo que el ajuste del ahorro. La ministra adelantó que no había datos nuevos para compartir y que se reivindicaba la orientación tomada al inicio de la pandemia. “Cuidamos el dinero y los recursos porque lo que nos interesa es cuidar a los uruguayos”, dijo defendiendo el ahorro generado de US$ 660 millones. Ahora no son presagios, son realidades. La ministra de Economía, Azucena Arbeleche, reconoce que la pobreza creció un 3 por ciento. Son 100.000 nuevos pobres desde el 1 de marzo. Tal vez más, porque hasta ahora la dama de la cara de hierro le ha errado en todos los pronósticos. Tal vez 120.000 o 130.000 nuevos pobres. La ministra está muy conforme con el gasto social y con la gestión económica de la pandemia, pero la desocupación está por encima del 12% y hasta el economista Ignacio Munyo, director de Ceres, escribe en un libro que la crisis del trabajo es un fenómeno estructural, irreversible, una verdadera revolución humana que necesita de acciones enérgicas con un relevante papel del Estado.
La ministra está satisfecha pero sus socios piden que se invierta más. Búsqueda pide que se gaste más, Ignacio de Posadas también lo pide, colorados y cabildantes llaman la atención sobre las Pymes y la Agencia Nacional de Desarrollo advierte sobe el cese de actividades de 7.000 pequeñas empresas. El intendente de Rocha dice que van a perder tres años y Eduardo Ache, como asesor del senador Guido Manini, anuncia que si se dejan caer las Pymes, en la postpandemia no habrá nada que recuperar. Tras su comparecencia, la ministra brindó una conferencia de prensa en la que adelantó que entre las medidas que se van a anunciar la próxima semana habrá un “apoyo explícito” para las ollas populares. “Nos gustaría que ese no fuera el instrumento pero, como es el que está, hay que apoyarlo”. La oposición quedó descontenta. Los socios de la coalición también han presentado propuestas y esperan una respuesta que no han encontrado aún. La gente sigue esperando sin mucho optimismo. La dama de la cara pétrea camina con anteojeras hacia el precipicio pensando que con la vacuna se le acaban los problemas y los problemas recién empiezan.