De México, Lacalle Pou viajó a Estados Unidos a continuar con su agenda de ultraalineamiento, que incluyó su decisión de sumarse al boicot a la conmemoración a 20 años de la conferencia de Durban, a pedido de los gobiernos de Israel y Estados Unidos, que no soportan que en la que fue la Primera Conferencia Mundial contra el racismo, diversos países, sobre todo el mundo árabe, acusaran al gobierno israelí de tener una política racista hacia el pueblo palestino e intentaran incluir un texto a propósito que después ni siquiera se incluyó en la declaración final. En aquel entonces, de aquella conferencia se retiraron Israel y Estados Unidos, ignorando las importantísimas resoluciones que se adoptaron, como declarar el esclavismo un crimen de lesa humanidad. Y hoy Uruguay, que no se retiró en su momento, se pliega 20 años después, por decisión de Lacalle Pou, a ese boicot trasnochado a la reunión más trascendente del mundo contra el racismo, marcando un hito más en su carrera de seguidismo de la política exterior de Estados Unidos.
Finalmente, su gira incluyó un discurso completamente improvisado ante el pleno de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas. El propio canciller Bustillo advirtió que no tenía idea de lo que diría, porque el presidente lo iba a preparar solito a la noche, después de cenar. En el discurso, lleno de naderías sobre la libertad responsable, que es lo único de lo que ha hablado hace un año medio, Lacalle insistió con sus ataques a Cuba y Venezuela, aunque sin nombrarlos y se permitió recomendar un libro de un sueco llamado Hans Rosling, cuyo título es: Factfulness: Diez razones por las que estamos equivocados sobre el mundo. Y por qué las cosas están mejor de lo que piensas. A mí me dio bastante gracia que recomendara ese texto y todavía más que los medios locales se prodigaran en artículos sobre esta obra, como si estuviéramos ante un hallazgo de un incunable o de una obra maestra del pensamiento que, por algún motivo, permanecía oculta o desaparecida. Porque me imaginé toda la situación: Lacalle Pou tenía que armar un discurso para la Asamblea General de la ONU, ya no por Zoom, sino presencial. ¿Y qué iba a decir ante una reunión de todos los mandatarios del mundo? ¿Cómo iba a armar su discurso para pasar a la historia o, al menos, no pasar vergüenza? Pues bueno, se consiguió un libro sobre datos del mundo, como los niños que gustan de colecciones de datos curiosos, que la gente no suele tener presente y ahí, inspirado por ese texto menor, como un Guinness de los Récords, un Almanaque del Banco de Seguros o una Reader’s Digest sobre cosas que muestran que el mundo no sería tan malo como sostienen los que quieren cambiarlo, fue y escribió un speech que, de todos modos, difícilmente alguien recordará.