La otra mala noticia atañe a Latinoamérica y al Caribe en su conjunto, y tiene que ver con la declaración del general Mark A. Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. En la ceremonia que tuvo lugar en el Cuartel General del Comando Sur, en Doral (Florida) y en la cual la generala del Ejército Laura Richardson asumiera como nueva jefa del Comando Sur, aquel definió al “Hemisferio Occidental” como “un barrio de vecinos. Este hemisferio nos pertenece a nosotros y a nadie más” -aseguró- “y estamos hombro con hombro en esta causa común para proteger a nuestro hemisferio de cualquier amenaza internacional”. El vocablo “nosotros” podría interpretarse de varias maneras, pero al mencionar a quienes podrían ser los potenciales adversarios de tan idílico vecindario -China, Rusia e Irán-, se puso de manifiesto que ese “nosotros” se refiere a Estados Unidos y no a las demás naciones. Washington ha caracterizado a esos tres países no solo como adversarios sino también como enemigos. Milley apeló a una formulación ambigua reproduciendo el sutil juego de lenguaje de la Doctrina Monroe al proclamar aquello de “América para los americanos”, que en realidad quiere decir “para los estadounidenses”. Cuando el gobierno de Estados Unidos intentó ratificar esa consigna en la Primera Conferencia Panamericana realizada en Washington (2 de octubre de 1889/19 de abril de 1890) el delegado argentino, Roque Sáenz Peña respondió con una frase -“América para la humanidad”- que José Martí inscribiría con letras de oro en su espléndida relatoría de aquella conferencia en un libro titulado Nuestra América.
El mensaje de Milley sucedió al del secretario de Defensa de Joe Biden, el general Lloyd J. Austin III, quien poco antes había dicho que la misión del Comando Sur era trabajar en estrecho contacto con los gobiernos del área para “combatir” a ciertas enigmáticas “malignas influencias” que medran en la región.
La idea de que Latinoamérica y el Caribe “pertenecen” a Estados Unidos ha sido una constante en discusiones académicas en el último medio siglo, aunque siempre se apelaba a algunos eufemismos para evitar destempladas reacciones y no exacerbar el antinorteamericanismo latente en la región. Pero en tiempos de rápidos cambios en la correlación internacional de fuerzas, acelerados por la declinación del poderío global estadounidense, ese lenguaje cortesano ha sido abandonado y el relanzamiento del proyecto de dominación colonial se exhibe sin tapujos o falsos pudores. Todos los personajes mencionados en estas breves líneas dan fe de ello.