Yo me pregunto qué pasaría si nos sucediera algo similar. Si el PSUV hubiera hecho lobby para que acompañáramos la postulación de uno de sus dirigentes y exjerarcas de sus gobiernos, y hoy ese sujeto hipotético fuera secretario de la OEA con nuestro voto. ¿Qué nos produciría a nosotros si ese supuesto secretario chavista cuestionara nuestros procesos electorales, nuestros proyectos de reforma constitucional, nuestros procesos judiciales penales? ¿Qué nos habría producido si un secretario bolivariano de la OEA nos atacaba como país por la prisión del ex intendente Zimmer -prisión absurda y cuestionable- o por el decreto de esencialidad en la Educación o por la existencia en nuestro marco jurídico del delito de abuso innominado de funciones? Hagamos uso de nuestra imaginación e intentemos recrear los sentimientos y pensamientos que nos provocaría que un secretario de la OEA nos cuestionara por causas incluso respetables y compartibles para muchos, como la existencia de la ley de caducidad, o por otros motivos polémicos, como la legalización de la marihuana. Hagamos de cuenta que eso se produce. Que un día alcanza la secretaría general de la OEA un supuesto chavista, y comienza a hacer campaña por carta a favor de blancos y colorados, en nombre de la alternancia y del respeto de los derechos humanos.
Está claro lo que pasaría. Nos produciría furia, rechazo, indignación. Por cierto, lo denunciaríamos nacional e internacionalmente e iniciaríamos las gestiones pertinentes para que tal personaje no continuara al frente del organismo internacional y, por supuesto, pediríamos explicaciones al Partido Socialista Unido de Venezuela. Porque se supone que son amigos, que son compañeros en la brega histórica por una sociedad más justa, y aunque puedan ser bien distintos y tengamos diferencias más o menos importantes, son aliados. No les perdonaríamos fácilmente que nos hubieran vendido un candidato a secretario general de la OEA que luego de asumir se dedicara a felicitar a #POTUS (acrónimo de President of The United States) por Twitter y denostarnos a nosotros en extensas epístolas que revelaran un desprecio visceral por lo que representamos para América Latina y el mundo.
Pues bien, creo que el Frente Amplio debería designar una misión oficial que se dirigiera a Venezuela, se reuniera con la directiva del PSUV y le expresara que las últimas actitudes de Almagro no sólo no nos representan -aunque él se diga frenteamplista- sino que además cuentan con nuestra profunda reprobación, y como muestra de buena fe y tributo a la vieja amistad entre el FA y el PSUV, y en homenaje a la memoria del comandante Chávez, la delegación debería llegar con un ramo de rosas rojas al Cuartel de la Montaña a pedir perdón ante la tumba de Hugo por este bochorno, y en conferencia pública exigir la renuncia de Luis Almagro, por sus tremendos actos de injerencia y de violación del principio de autodeterminación de los pueblos. Tal vez algunos piensen que eso sería alcahuete, pero yo creo, por el contrario, que sólo algo así sería digno de la mejor historia del Frente. Digno de la trayectoria de una fuerza política unitaria, que fue construida por obreros y estudiantes, cimentada con la sangre democrática y revolucionaria de mártires y desaparecidos, crecida en la solidaridad irrenunciable con los pueblos del mundo. Y una fuerza política que aun cuando ha cometido, en muchas ocasiones, errores, nunca ha visto empañado su prestigio con la abyección, por dejar sola a una revolución en marcha o por el terrible pecado de la traición.