Yo discrepo con quienes creyeron que se podía consolidar un espacio wilsonista dentro del Partido Nacional. Ellos tienen derecho a discrepar conmigo. Lo importante es no perder nunca el respeto, porque se piense distinto. Si no lo hacemos, la democracia se nos va de las manos. Pero los resultados demuestran que tan errado yo no estaba, aunque alguien puede creer que vale la pena seguirlo intentando. Pero como dijo el padre del actual candidato del Partido Nacional: “En la segunda vuelta no se votan Partidos, se votan personas”.
Siguiendo ese razonamiento, los wilsonistas que votaron ya a su Partido, ¿ahora van a votar a un gobierno que integra Cabildo Abierto, acuerdo cuyo contenido no sabremos hasta después de la elección? ¿Es compatible eso con su esencia wilsonista? Entre los nombres que Manini ocultó informar en su confesión, están integrantes de brigadas que quisieron atentar contra Wilson, entre otros. ¿Los van a votar? Recientemente se anunció la incorporación a filas de Manini del embajador Azar Gómez, el que pidió que Wilson, Diego Achard, Julián Murguía y yo fuéramos expulsados como observadores de la ONU. El mismo que insultó a Wilson en una conferencia de Prensa y fue desalojado gritando: “Zelmar y Toba eran terroristas”. ¿Lo van a votar?
Se nos prometió que íbamos a “vivir sin miedo” si no salía la reforma constitucional. No salió. Pero el Dr. Larrañaga dijo que estaba “contento” con el resultado del referéndum. ¿No era que si no salía íbamos a vivir con miedo? ¿Qué cambió? ¿Era miedo por la seguridad o por la interna nacionalista? A mí, debo confesar, me daría miedo un Uruguay con Manini ministro del Interior o de Defensa. Me daría miedo que Uruguay tenga que vivir lo que pasó en Chile, en Ecuador, en Argentina y lo que está pasando en Brasil.
Yo añoro que los jóvenes de hoy no tengan que vivir lo que vivió la juventud de mi generación. Cuando yo tenía la edad de mis hijos, ya había enterrado a 10 amigos, y en circunstancias cercanas. Toba, Zelmar, Barredo y Whitelaw, Letelier y Ronnie Moffet (compañera de escritorio), el padre Rutilio Grande, el obispo Angelelli, que tanto cuidó a mamá; monseñor Romero, Enoc Ortiz (esposo de una compañera de trabajo)… No quiero que esas lágrimas que me tragué lamentablemente en su momento las tengan que derramar mis hijos y los amigos y amigas de mis hijos.
“Siempre es más lo que nos une que lo que nos divide”. Wilson, Bogotá. Busquemos, los que discrepamos en octubre, en qué podemos coincidir en noviembre.