-¿Cómo compusieron sus personajes?
María Pía Martignoni: «Fue complejo, empezando por la apariencia que tiene que ver son su contexto y su personalidad. Yo nunca en mi vida me había pelado… Y esta cosa punk que tiene mi personaje fue todo un experimento. Todo su look, su caracterización, que no tienen nada que ver conmigo. Cuando hice el casting, te hacen hacer escenas que no están en la historia, pero que son de los personajes, entonces ahí un poco más conocí la historia de Cielo. Y de pronto me di cuenta de que no estaba tan alejada de mí. Tengo que aclarar que yo no soy violenta ni apuñaló, ni voy prendiendo fuego (risas). Pero lo que pude ver es que era una persona que por su apariencia física y por su identidad le había tocado lidiar con el machismo en todas sus expresiones. Cielo tiene mucha ira, a veces en su soberbia. Yo nunca estuve presa pero sé lo que es la clandestinidad. De esa manera de a poco sentí con este personaje cierta empatía. También una mirada melancólica».
-Y también es alguien muy fiel al clan…
M.P.M.: Claro. Hay una fidelidad hacia Coco. Y una la empieza a entender cuando te das cuenta de que encontró la mejor forma de llevar la cárcel, de sobrevivir. En un momento tuvo que decir: Este es mi marido, este es mi suegro. Son dos criminales pero yo acá me tengo que acomodar. Si yo hago caso, la voy a pasar mejor. Desde ese lado lo construí sin juzgarla, sino viéndola como una sobreviviente y como alguien que a pesar del contexto siempre se defendió.
¿Y en el caso de Alelí?
Valentina Avila: Mi personaje, Alelí, es una chica muy de barrio y muy “tradicional” en cierto sentido. Como se decía antes: “una chica muy de su casa”. Todo el tiempo en la cocina o curando heridas de las peleas que los miembros de la familia tienen con otros presos. Mitad cocinera, mitad enfermera. Pero tiene la particularidad de que cuando hay un motín o hay peleas, pelea. Como esas dos caras de las heroínas. La verdad es que fue difícil componer el personaje porque me era difícil identificarme con alguien así. A ella se le asignaron los deberes del pabellón. Una especie de ama de casa que cuando tiene que matar… mata.
Con información de Página/12