Ahora bien, tan palmaria es la explicación política de los anuncios del presidente que, por cierto, son anuncios para dentro de tres meses, durante los cuales el salario real seguirá cayendo, como la explicación de su tibieza y su carácter no focalizado: el equipo económico es liderado por un fanático que ni siquiera en el peor escenario político puede correrse mucho de su ortodoxia. Isaac Alfie es como es y, simplemente, no puede ser de otra manera, por lo que se va a encargar de que el gobierno no se aparte demasiado de su filosofía económica y, prisionero de su credo, va a conducirlo inexorablemente a la derrota.
La última encuesta de Equipos refleja ya la caída acentuada de la popularidad de Lacalle Pou, pero las próximas encuestas serán peores. Diluido el efecto pandemia, con un fracaso notable en seguridad pública, un gobierno que no tiene en agenda nada que le pueda brindar un ratito de popularidad, la economía familiar golpeada se va a terminar de comer cualquier hipótesis de sustento, y eso es imposible de arreglar con maquillajes y apósitos diseñados mal, aplicados a destiempo y con un impacto limitadísimo sobre los ingresos de la gente.
Mientras el Frente Amplio goza después de mucho tiempo de cierta tranquilidad y hasta optimismo, procesada una renovación de forma exitosa, con una base electoral próxima a la mitad de la población y con un gama de candidatos competitivos y bien posicionados, la oposición exhibe cada vez con más claridad sus propias grietas, que ya alcanzan a la propia interna del Partido Nacional, naturalmente a los partidos minoritarios de la coalición e incluso a técnicos y analistas que, hasta la fecha, no habían parado de hacer propaganda.
Lacalle Pou inició su tercer año de mandato, que en la práctica comenzó el 28 de marzo, consciente de que la cosas vienen mucho peor de lo que le anticipaban los sondeos, con una agenda de prioridades y reformas improbables, por no decir imposibles, o bien peleadas con la realidad, y sin poder asegurar los votos para proyectos claves que, por lo demás, ya sabe que suscitarán una resistencia enorme y, de llevarse a cabo, tendrán un costo político importante.
Por el momento, lo único que sacó de la galera fue un tímido aumento que la inflación se va a comer con fritas. Un anuncio en una dirección correcta, pero de un monto ínfimo; no va a resolver los problemas que tiene la gente y tampoco le va a sacar las castañas del fuego. Ciertamente, después de dos años de sacarte cosas, al menos son medidas en sentido opuesto, y eso cabe festejarlo, pero también da cuenta del nivel de desconexión del equipo económico con la realidad.