Además, se ha demostrado que el tamaño es un factor determinante a la hora de sus ataques. Si un gato tiene que elegir entre atacar a un ave o una rata —que puede llegar a pesar y a medir muchísimo más—, tenderán a optar por la presa menos desafiante. "Una vez que la rata llega a la pubertad, es demasiado grande y desagradable para que el gato pueda lidiar con ella", añade Glass.
La cautela que poseen las ratas, como parte de su respuesta adaptativa a un entorno, también les ha ayudado a mantenerse con vida. Ante la presencia de un felino que, pese a su incompetencia, sigue siendo un peligroso depredador, estos roedores modifican su comportamiento. De este modo, tratan de mantenerse fuera del radar de estos potenciales enemigos y coincidir los menos posible con ellos si cohabitan.
A simple vista este fenómeno suele hacer ver a los gatos como herramientas confiables a la hora de exterminar ratas, ya que los humanos dejan de verlas, cuando en realidad su población puede seguir siendo la misma o hasta haber aumentado mientras se escabullen. "La gente ve menos ratas y asume que es porque los gatos las han matado, cuando en realidad se debe a que las ratas cambiaron su comportamiento", afirma el investigador Michael Parsons, de la Universidad de Fordham (EE.UU.).
Fuente: RT