Así mismo, el psicólogo Gary Lewis, de la Universidad de Edimburgo, llevó a cabo otro estudio que fue publicado en Biology Letters. Los investigadores estudiaron el comportamiento de casi 1000 gemelos, idénticos y no idénticos. Tomaron en cuenta tanto el componente genético, como el entorno familiar.
Los resultados indicaron que en las gemelas mujeres el factor genético influía en un 48 % en sus conductas prosociales o bondadosas. Mientras tanto, en los hombres esa influencia era de solo el 20 %. Aunque el estudio no es concluyente, sí sugiere la importancia del componente genético.
De otro lado, se ha detectado que la bondad y los comportamientos altruistas están asociados a una zona específica del cerebro llamada córtex del cíngulo anterior subgenual.
El efecto conejo
El efecto conejo, o the rabit effect, es el título de un libro de la psiquiatra Kelli Harding, de la Universidad de Columbia. Esta obra se inspiró en un accidente de laboratorio ocurrido en Nueva Zelanda. Sucedió en 1978, cuando el doctor Robert Nerem realizaba un experimento con conejos.
Lo que se proponía el científico era estudiar la relación entre una dieta alta en grasas y la salud del corazón en un grupo de conejos blancos. Tras un tiempo, los investigadores analizaron la cantidad de depósitos de grasa en los vasos sanguíneos de los animales. La mayoría de los conejos presentaban los resultados esperados: altos niveles de colesterol. Sin embargo, un pequeño grupo de ejemplares estaba casi sano.
El sorprendente resultado los llevó a explorar varias hipótesis. Al final, concluyeron que este resultado anómalo se debía a que ese grupo de conejos sanos había estado bajo el cuidado de una estudiante de postdoctorado que había sido muy afectuosa con ellos. Estos resultados han sido replicados. Así de poderosa es la fuerza de la bondad.