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La increíble historia de Mehran Karimi: vivió 18 años en un aeropuerto y murió allí

Vivió 18 años en un aeropuerto por un limbo burocrático. Mehran Karimi Nasseri murió donde había hecho su hogar.

Durante casi dos décadas, la Terminal 1 del aeropuerto Charles de Gaulle (París) fue el hogar improbable de un hombre sin pasaporte y sin país. La historia de Mehran Karimi Nasseri, refugiado iraní que vivió 18 años entre pasillos, vuelos y turistas en tránsito, es una parábola sobre identidad, pertenencia y el absurdo de las fronteras.

Nasseri no era un personaje de ficción, aunque su vida tuvo ribetes de novela kafkiana. Nacido en Irán en 1945, descubrió a los 23 años que su madre biológica era una enfermera escocesa. Decidido a encontrarla, partió hacia Reino Unido, pero en medio del viaje, su valija más valiosa —la que contenía sus documentos— desapareció. Fue el comienzo de un exilio involuntario, rechazado por Londres y otros países europeos, quedó atrapado en un limbo burocrático.

En 1988, desembarcó en la zona internacional del Charles de Gaulle, y allí quedó. Bélgica le había otorgado el estatus de refugiado, pero sin papeles válidos, ningún país lo admitía. Tampoco Francia podía expulsarlo legalmente. Así comenzó la insólita rutina de vivir en una terminal de aeropuerto, sin país, sin techo, sin destino.

Sir Alfred, el ciudadano del pasillo E

Lejos de caer en la desesperación, Nasseri construyó un ecosistema propio en ese no-lugar. Se hacía llamar “Sir Alfred”, dormía en un banco rodeado de maletas, leía, escribía su diario, fumaba con dignidad su pipa y se bañaba en los baños del personal. No aceptaba limosnas, pero recibía con gratitud los vales de comida que le ofrecían empleados y trabajadores del aeropuerto, quienes terminaron por adoptarlo como parte del paisaje cotidiano.

Como si la terminal fuera un país en miniatura, Nasseri se convirtió en su único habitante estable, su embajador involuntario. Cada despegue era un recordatorio de lo que no podía tener, un destino al cual llegar. Pero en su rutina encontró una especie de orden, una vida que, aunque fuera extraña, era suya.

“¿No está enojado por haber perdido tantos años aquí?”, le preguntó un periodista en 2003. Su respuesta fue tan simple: “No enfadado. Solo quiero saber quiénes son mis padres”.

Su odisea era, ante todo, existencial. No buscaba un país; buscaba saber de dónde venía. La identidad, ese derecho que muchos damos por sentado, fue su gran herida abierta.

Una vida de película (literalmente)

Su historia inspiró a la ficción mucho antes de su muerte. En 1993, se estrenó una película francesa basada en su vida. En 1998, la ópera Flight del compositor Jonathan Dove dramatizó su historia. Pero fue The Terminal (2004), de Steven Spielberg, la que lo convirtió en una leyenda global. Aunque no lo nombra directamente, DreamWorks compró los derechos a Nasseri. Ese mismo año, él publicó su autobiografía The Terminal Man.

Después de pasar años en un albergue, en 2022 Nasseri volvió —por decisión propia— al aeropuerto Charles de Gaulle. Fue como si, al final, solo pudiera sentirse verdaderamente en casa allí. Murió de un infarto en la Terminal 2F el 12 de noviembre, a los 77 años. No en un país, sino en la misma frontera que lo había adoptado.

¿Fue casualidad? ¿Fue destino? ¿O simplemente coherencia? Su vida se cerró como un círculo perfecto, en el mismo no-lugar donde se había reinventado. Allí donde todo parecía estar de paso, él decidió quedarse. Y allí, finalmente, descansó.

Embed - Murió Mehran Nasseri, el exiliado iraní que vivió más de 18 años en el aeropuerto de París

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