Cardama, cuyas instalaciones se encuentra en Vigo, Galicia, no será la única compañía española vinculada a este proyecto, por ejemplo, la firma Escribano Mechanical & Engineering aportará sistemas electroópticos y estaciones de armas remotas.
Los buques uruguayos estarán equipados con el sistema Oteos N, que integra sensores optrónicos e infrarrojos que incrementan la capacidad de detección, identificación y seguimiento automático de objetivos; y cañones Sentinel 30, de 30 mm, y Sentinel 2.0, de 12,7 mm. Además, si bien la construcción de las embarcaciones será responsabilidad de Cardama, el diseño de las mismas pertenece a una tercera empresa, también española, contratada por el astillero gallego, cuyo nombre aún no ha trascendido.
Los patrulleros escogidos por Uruguay desplazan unas 1.700 toneladas, a una velocidad máxima de 24 nudos, y poseen una eslora de 86,75 metros, una manga de 12,20 m y un calados de 3,60 m.
El jefe de la Armada Nacional, almirante Jorge Wilson, detalló que cada embarcación “tiene la posibilidad de emplear un helicóptero embarcado, con lo cual amplía su radio de detección mediante el empleo del radar de búsqueda de superficie que tiene la aeronave más allá del radar que tiene el buque”.
Los helicópteros que la fuerza tiene previsto emplear desde los buques son sus Augusta Bell 412 SP, adquiridos a la firma italiana Leonardo y anteriormente eran desplegados por la Guardia Costera de ese país europeo.
Cada barco cuenta, en popa, con una rampa para lanzar dos lanchas de intercepción rápida que navegan por encima de los 35 nudos. De igual manera, tienen capacidad para albergar hasta 80 personas y la tripulación necesaria para operarlos oscila entre los 50 y 60 individuos.
“Son dos buques absolutamente modernos desde el punto de vista de tecnología, de sus capacidades y de los aportes que va a hacer a la Armada Nacional”, señaló el ministro García. De marchar todo según los tiempos previsto, la primera embarcación estaría arribando a Uruguay en el primer trimestre de 2025.