"Este extraordinario objeto desafía nuestra comprensión de las estrellas de neutrones y los magnetares, que son algunos de los objetos más exóticos y extremos del universo", afirma Hurley-Walker.
El descubrimiento se produce después de que hace tres años se descubriera un objeto similar en la Vía Láctea en datos de archivo, según se publicó en un artículo de 2022.
Llamado GLEAM-X J162759.5-523504.3, el objeto fue detectado emitiendo ondas de radio durante alrededor de un minuto, cada 18 minutos, aunque se silenció en 2018 y no se ha vuelto a saber de él. Basándose en la forma en que se retorcía la luz, parecía estar llegando a nosotros a través de un entorno altamente magnetizado.
Hurley-Walker y su equipo querían ver si podían encontrar otros objetos con un comportamiento similar, por lo que tomaron observaciones del cielo austral utilizando el radiotelescopio de baja frecuencia Murchison Widefield Array en Australia para realizar un estudio. Encontraron un objeto que emite ráfagas de cinco minutos de luz de radio cada 22 minutos.
Dirigieron otros telescopios hacia sus coordenadas y exploraron los datos de archivo de la ubicación. Las nuevas observaciones les permitieron caracterizar la emisión de radio en detalle, mostrando el mismo giro sugerente de alteración por un campo magnético. Y los datos de archivo mostraron que GPM J1839-10 ha sido captada pulsando al menos desde 1988.
"Yo tenía 5 años cuando nuestros telescopios registraron por primera vez los pulsos de este objeto, pero nadie se dio cuenta y permaneció oculto en los datos durante 33 años", explica Hurley-Walker. "Se lo perdieron porque no esperaban encontrar nada parecido", agrega.
El perfil de la luz es muy similar al de los pulsos de los magnetares. Se trata de un tipo de estrella de neutrones (el núcleo colapsado de una estrella masiva que se ha convertido en supernova tras agotar su combustible de fusión) con un campo magnético extremadamente potente.
Pero la intensidad de ese campo magnético está relacionada con el periodo de giro del magnetar. La intensidad del campo magnético debe superar un determinado umbral, denominado línea de la muerte, para generar potentes emisiones de radio. Hay una buena razón por la que nadie esperaba encontrar algo como GPM J1839-10.
"El objeto que hemos descubierto gira demasiado despacio para producir ondas de radio: está por debajo de la línea de la muerte", explica Hurley-Walker.
"Suponiendo que sea un magnetar, no debería ser posible que este objeto produjera ondas de radio. Pero las estamos viendo. Y no estamos hablando sólo de un pequeño parpadeo de emisión de radio. Cada 22 minutos, emite un pulso de cinco minutos de energía de longitud de onda de radio, y ha estado haciendo eso durante al menos 33 años. Sea cual sea el mecanismo que está detrás de esto, es extraordinario".
(Vía Sputnik)