Así tenemos que bajaron salarios, jubilaciones, transferencias sociales, aumentaron impuestos, tarifas, destruyeron la inversión en obra pública, le bajaron el presupuesto a casi todos los ministerios y, para colmo, aprovecharon la pandemia para achicar el gasto, en lugar de desarrollar una fuerte inversión para contener el desastre económico y social que llevó a más de cien mil personas a la pobreza. Con esa receta medio bestial, bajaron el déficit fiscal en el medio de la crisis sanitaria más grande del siglo, y ahora lo celebran como un logro, aunque con ello haya florecido la gente en situación de calle, las personas que comen en ollas populares, la población desamparada y la desigualdad.
La difusión de este valor como un éxito de la abstracción cumple una función política medular: algún logro hay que presentar de acá al Referéndum. Con la gestión de la pandemia, o con su propaganda, venían tirando, pero ahora los números se dispararon otra vez en casos diarios, el aumento de las muertes ubica a Uruguay otra vez con entre 20 y 30 muertes diarias (y creciendo) y el aumento de la gente internada en terapia intensiva, mientras el presidente se jacta de no tomar medidas, lo cual no conforma un gran panorama sanitario para encomendarse.
Formalmente, la campaña del NO se lanzó el lunes, pero el martes aumentaron los combustibles desconociendo sus promesas de campaña, contradiciendo la supuesta espalda que tenían y aun sin aplicar completamente los artículos de la Ley de Urgente Consideración, porque son un penal en contra.
El panorama para el gobierno es malo. Por el momento se esfuerzan en censurar a los promotores de la derogación, es una práctica muy habitual de la derecha cuando gobiernan y enfrentan un Referéndum. Pero es difícil que eso les sea suficiente. No les fue suficiente para impedir las firmas no extender el plazo, pese a los miles de casos y más de 60 muertes diarias, no permitir la cadena nacional, que ellos mismos habían utilizado cuando se la pedían a los gobiernos del FA para difundir los Referéndum que ellos convocaban; es difícil que las chicanas de no dejar que se hagan actos en el Estadio, o intentar que las murgas no canten en el interior, o que no se puedan colgar pancartas en espacios públicos, o que los empresarios censuren las carteleras sindicales, les sea suficiente para vencer el 27 de marzo.