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Los mejores cinco años de tu vida

Por Leandro Grille.

Los mejores cinco años de tu vida comenzaron con devaluación abrupta de la moneda, aumento de impuestos en las compras con medios electrónicos, aumento de tarifas por encima de la inflación, ajuste general del 15% en gastos e inversiones en incisos del Estado y, a partir del 13 de marzo (todo lo antedicho sucedió antes), la llegada de la pandemia a nuestro territorio con todas las repercusiones sociales y económicas que se conocen. En consecuencia, no hubo un solo día desde que comenzó el gobierno de Luis Lacalle Pou que el conjunto de los uruguayos no haya perdido salario real, a lo que debe añadirse la brutal caída del empleo y aumento de la pobreza que se produjo a partir de la emergencia sanitaria, en el contexto de un Estado que continuó aplicando medidas de “austeridad” y se cuidó de invertir lo menos posible en paliar la crisis social sobrevenida, como surge de los números oficiales que tan claramente evidenció la Cepal.

En los próximos días ingresará la ley de Presupuesto, diseñada para ajustar todavía más y ya se conocen los lineamientos de las pautas salariales de empleados públicos, así como ya se conocían en el ámbito privado. Con lo que se sabe hasta el momento, es posible afirmar que en los próximo cuatro años las trabajadoras y los trabajadores uruguayos continuarán perdiendo salario, hasta acumular una pérdida neta de su poder de compra de un 5% en el quinquenio, siempre que todo salga bien y la pérdida no sea todavía mayor. Spoiler alert: va a ser mayor, porque en el neoliberalismo las cosas nunca salen bien, bajo el supuesto de que “salir bien” sea un derrotero beneficioso para las grandes mayorías.

Con la reducción de salario real que ya se vivió este año, es un hecho que a partir del 1º de enero del año entrante, las jubilaciones se van a ajustar con un incremento por debajo de la inflación acumulada, por lo que también allí va a registrarse una caída de valor real de la prestación y, como los lineamientos de 2021 importan una pérdida de salario real el año que viene, también es un hecho que las jubilaciones, que se ajustan por el índice medio de salarios, continuarán desplomándose en 2022. Dicho esto, la recuperación prevista por el gobierno para los años subsiguientes en ningún caso permitirá retrotraer el poder de compra de los ingresos al 1º de marzo de este año, por lo que los cinco mejores años de tu vida son a pérdida absoluta.

Cuando Lacalle Pou dice que no va a subir impuestos, algo que afirmó durante la campaña, y que el ajuste se va a hacer apelando a la reducción de gasto público, en primer lugar se aparta de la verdad, porque ya subió los impuestos en los primeros días de gobierno; en segundo lugar, parece ignorar que la reducción de salario real es una tremenda metida de mano en el bolsillo de los orientales y, en tercer lugar, no explicita el carácter regresivo de su diseño del ajuste: si no se aumentan los tributos de los que pueden tributar y, en particular, de los peces gordos de la economía y, a la vez, se achica el gasto público que se vuelca sobre el conjunto de la sociedad, entonces se está beneficiando directamente a los que tienen más y se está perjudicando directamente a los que tienen menos. Eso convierte su método de ajuste en un hecho que rezuma ideología por todos lados: no le aumentamos impuestos al patrimonio, por ejemplo, o a las rentas altas y, sin embargo, nos ponemos a discutir si es un exceso el dinero que se usa en alimentación escolar, políticas sociales, el Instituto de Empleo y Formación Profesional o la enseñanza pública.

Recién el lunes conoceremos los números definitivos de este severo ajuste de las cuentas públicas, pero es un hecho que vamos hacia un país de sueldos más bajos, mayor desempleo y mayor pobreza. Si una parte podía comprenderse por la pandemia, el grueso de este panorama es la consecuencia de la aplicación de un programa que, grosso modo, ya conocíamos por sus antecedentes y por la intensa campaña electoral. No puede haber sorprendido a nadie. No obstante, el resultado que el gobierno espera de este programa, o el que dice esperar, de reducción del déficit, crecimiento, desendeudamiento, creación de empleo y disminución de la pobreza para final del período, va a fracasar en toda la línea y ese fracaso sí sorprenderá a los que creyeron que esta combinación de ajuste, devaluación y salarios bajos podía funcionar como remedio para los 15 años de progresismo, aunque jamás haya funcionado en ningún sitio, y sí deberá ser discutido, evaluado y juzgado por toda la sociedad durante lo que resta del período. En esa reflexión social se tendrá que construir la derrota política definitiva de esta ideología de la exclusión, para que nunca más suceda que una buena campaña publicitaria prometiéndote el oro y el moro y los mejores cinco años de tu vida termine en un desastre social y haciéndonos vivir un lustro de suplicios.

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