2-¿Un Castillo de ilusiones?
Perú también cortó en 2021 el hilo histórico de gobiernos conservadores. La sorpresiva victoria del maestro rural Pedro Castillo (para la primera vuelta las encuestas lo daban séptimo), desde un pequeño partido de izquierda, abrió una gran expectativa: por primera vez llegaba a la presidencia un representante del mundo andino-amazónico, del Perú profundo siempre marginado y despreciado. Pero en sus primeros cinco meses apenas si pudo conformar su gabinete, jaqueado por el permanente boicot en el Congreso. Castillo cedió a la presión y fue cambiando a una docena de ministros, lo que derivó en la ruptura con Perú Libre, el partido con el que ganó la elección.
Por ahora no avanzó en reformas importantes ni planteó la vía hacia una Asamblea Constituyente, su principal promesa de campaña. Tampoco dio grandes señales en política exterior. El futuro dirá si su giro a la moderación decanta en claudicación o si se trata de un movimiento táctico para lograr gobernabilidad ante el insaciable acecho de los poderes fácticos.
3-Insurrección a la colombiana
El proceso de protestas más intenso del año se dio en Colombia. El 28 de abril, centrales obreras convocaron a un paro nacional contra una regresiva reforma tributaria y con los días eran cientos de miles en las calles de todo el país sumando múltiples reclamos. El gobierno dio marcha atrás pero las manifestaciones siguieron durante un mes pese a la feroz represión que dejó más de 70 manifestantes asesinados.
La espiral de violencia estatal y paraestatal en Colombia no para: en 2021 se registraron 168 líderes y lideresas sociales asesinadas y 92 masacres. Una matanza diaria ocultada por el blindaje mediático y la protección de la “comunidad internacional”. El hartazgo ciudadano que explotó por esos días podría abrir paso al primer gobierno progresista si gana Gustavo Petro en mayo próximo.
4-El personaje indeseado del año
Jair Bolsonaro copó nuevamente la agenda con sus bravuconadas y provocaciones, siendo el único presidente del mundo que mantuvo su actitud negacionista frente a la pandemia y no paró de sabotear todas las medidas de cuidado, llegando al colmo de no vacunarse. Por eso la comisión del Senado que investigó su gestión de la Covid recomendó imputarlo por «crímenes contra la humanidad».
Un año en el que Bolsonaro, además, estuvo al filo de un autogolpe, amenazó a los jueces de la Corte Suprema, llamó a la población a armarse, difundió noticias falsas y advirtió con no reconocer los resultados de las elecciones de octubre en las que asoma el regreso de Lula, la gran esperanza latinoamericana para los próximos tiempos.
5-Cuba otra vez en el ojo del huracán
La isla vivió el 11 de julio una protesta inédita como no se daba desde el Maleconazo de 1994 y, como sucede desde hace 62 años, la maquinaria mediática mundial desplegó su artillería sobredimensionando y distorsionando los hechos. La jornada combinó el reclamo genuino de un sector de la población que salió a expresar un malestar acumulado con un caldo de cultivo fogoneado y financiado desde Washington y Miami.
Cuba atraviesa un período transicional con la lenta actualización de su modelo económico iniciada hace una década y el recambio generacional de la dirección de la Revolución. Una transición que se da con demasiado viento en contra, en medio de una crisis similar al período especial de los ´90 agravada durante la pandemia por el desplome del turismo y el recrudecimiento del bloqueo estadounidense.
Cubanos en defensa de la Revolución.
6-Honduras con rostro de mujer
El 28 de noviembre Xiomara Castro arrasó con más de 15 puntos de diferencia y será la primera presidenta mujer de la historia hondureña. El progresismo vuelve al poder cerrando un ciclo de 12 años de gobiernos de derecha y comienza a repararse la herida abierta con el golpe de Estado de 2009 cuando fue derrocado su esposo Manuel Zelaya.
Castro asumirá con el 74% del país en la pobreza (es el segundo más pobre del continente), con miles de personas que migran diariamente rumbo a Estados Unidos y una situación de violencia estructural en lo que muchos llaman un “narco-Estado”.
7-Haití y el eterno castigo de su dignidad
Haití es un país invisible. La prensa cartelizada sólo se acuerda cuando lo arrasa algún terremoto o como pasó este año con un estrambótico magnicidio. El 7 de julio el presidente Jovenel Moïse fue acribillado en su casa por un grupo comando de 26 paramilitares colombianos y dos estadounidenses, hecho aún no esclarecido.
Empresario bananero, neoliberal y autoritario, Moïse le abrió la puerta al “modelo gangsteril”, a la proliferación de bandas narco-criminales creadas desde el Norte para controlar territorios, negociados y mantener sumisa a la población. Quien siembra vientos, cosecha tempestades… La espuma noticiosa duró sólo unos días y Haití volvió a ser invisible. Primer país independiente de las Américas y primero del mundo que abolió la esclavitud, Haití no es un país pobre: es un país saqueado y empobrecido. Como decía Galeano, “es un país arrojado al basural por eterno castigo de su dignidad”.
Con información de Página/12