No quiero aburrirte con asuntos de macroeconomía ni de ordenamiento territorial, que además no entenderás, pero puedo darte algunas claves distópicas que pueden ser de tu interés. Los paisajes urbanos se irán pareciendo a los suburbios de Dallas: sitios desiertos, asépticos, con reglas estrictas de circulación. No tengo claro si sabés de qué te hablo. Es un poco más fuerte que la vivencia de haber estado en un barrio privado de una ciudad como Montevideo. Es un par de grados más. Te sugiero que veas en YouTube el videoclip «The Suburbs», del grupo Arcade Fire. Seguro que lo conocés. Lo filmó Spike Jonze hace algunos años. Empieza con unos niños blancos aburridos que circulan en bicicleta por un barrio desierto. Después pasan cosas que parecen no tener sentido y que van cerrando una historia hiperviolenta, de microsociedad controlada y notoriamente insatisfactoria.
Una de las hipótesis que estamos manejando es el fin del turismo. Por un tiempo desaparecerá el llamado turismo depredador. Y esto solo puede ser bueno. Se disolverá por un tiempo el efecto de shoppings medievales, de hoteles y cruceros todo incluido, de turistas chinos y japoneses fotografiándolo todo. Todo será parecido a estos suburbios de Dallas.
No voy a contarte detalles de la conversación que mantuve por Zoom con Fausto, Diego y Lucía. Tu amiga italiana, al igual que yo, está un poco preocupada por vos. Te notó un poco tenso. Pero bueno, como buena romana, cuando habla de los demás está hablando de ella, así que sus palabras son más que nada autorreferenciales. Diego, por su parte, está enfrascado en escribir un nuevo guion. Está saliendo todas las mañanas a registrar imágenes. Se le metió una idea en la cabeza: discutir la idea de que este tiempo sea recordado por una foto de gente con tapabocas aplaudiendo al heroico personal de la salud. Tampoco cree que tenga que fotografiar lo privado, lo íntimo, la reducción al mínimo de los espacios. Se inclina más por la evasión y por la distorsión que genera la idea de «fin del turismo depredador».
Por último, te cuento que Fausto se sintió un poco incómodo en la conversación. Su aporte, sin embargo, fue más que satisfactorio: sostiene la teoría que el dilema vida-economía que se plantean los políticos occidentales es falso y, en todo caso, bastante macabro. En cualquiera de las dos opciones la gran perjudicada sería la clase trabajadora: por los ajustes neoliberales que se aplican en Europa y América, y sobre todo por el golpe mediático que asestó el biopoder en falsas democracias manipuladas por el Big Data. Me gusta que Fausto participe y de esa manera. Sigo insistiendo que su papel es más importante en este relato que el que en un principio imaginaste. En unos días te voy a pasar un material que sabrás aprovechar. Dice Fausto, ni más ni menos, que no nos liberaremos tan fácilmente del cadáver de la realidad.