La pobreza multidimensional hace referencia a las personas que son pobres por ingresos y a la vez tienen al menos una privación no monetaria, relacionada a déficits en alimentación, servicios básicos, vivienda digna, medio ambiente, educación o empleo. La pobreza medida por ingresos pasó del 30 por ciento en 2015 al 40,8 por ciento de la población en 2019, y afecta a 16 millones de personas, según los datos que difundió la universidad en diciembre pasado. Tanto en la medición multidimensional como la que se realiza por ingresos, se trata de las cifras más altas de toda la década.
También se registró un deterioro de los resultados en alimentación y salud. El déficit saltó 10 puntos, al pasar de 23,2 por ciento de la población en 2015 a 32,2 por ciento en 2019. Esto significa que el hogar encontró problemas en el acceso a una alimentación suficiente y a una dotación de recursos que le permitiera hacer frente a situaciones de riesgo respecto a la salud. Esta dimensión puede desagregarse a su vez bajo el indicador de inseguridad alimentaria, definido como una reducción involuntaria de una porción de comida y la percepción de experiencias de hambre por problemas económicos. El indicador se mantuvo en alrededor del 5 por ciento de los hogares entre 2010-2016 y saltó al 7,4 por ciento en 2019. Es decir, hubo 850.000 hogares donde se registró hambre.