Actualmente, Argentina atraviesa una compleja situación debido a la alta deuda de la nación, que hasta el año 2020 se ubica en 335.582 millones de dólares, de acuerdo con datos oficiales, y por ello ha buscado desarrollar un proceso de renegociación con los acreedores.
El préstamo por alrededor de 44.000 millones de dólares, que en su momento fue el más alto entregado por el organismo multilateral, lo recibió Argentina en el año 2018 bajo el mando del presidente Mauricio Macri.
El entonces mandatario estimaba aprovechar los recursos para hacer frente a una serie de problemas económicos que comenzaron en abril de ese año, cuando el peso argentino (moneda oficial de circulación en el país) comenzó un proceso de devaluación.
«Decidimos acudir al fondo en forma preventiva, para evitar una crisis. Actuamos con muchísima responsabilidad, con muchísima premura, siempre pensando que tenemos que evitar la crisis porque eso es lo que ha provocado en Argentina pobreza y destrucción de contratos», dijo en aquel entonces el ministro de Hacienda argentino, Nicolás Dujovne.
Desde su llegada al poder, en el año 2019, Alberto Fernández ha mantenido el tema de la deuda en su discurso. El jefe de la Casa Rosada sostiene que no se niega a pagar, pero advierte sobre la importancia de lograr un acuerdo que les «permita sostener el plan económico, de desarrollo y crecimiento, y sin olvidar a ese 40% de la población que está por debajo de la pobreza».
El acuerdo con el FMI, establecido bajo la modalidad ‘stand by’, obliga a la nación sudamericana a pagar 3.500 millones de dólares en 2021 y el resto de la totalidad en otros pagos antes de 2024. Adicionalmente, Argentina tiene obligaciones con el Club de París al que debe cancelar un préstamo por 2.800 millones de dólares.
La propuesta del Gobierno de Fernández es la de acordar facilidades extendidas por unos 10 años, con cuatro años de gracia, para honrar sus compromisos.