Asimismo, ha insistido en la necesidad de mantener conversaciones constructivas al más alto nivel con el argumento de que «negarse a dialogar es elegir la fuerza como camino» y ha hecho suyas las palabras del difunto expresidente de los EE.UU., John F. Kennedy: «Nunca negociemos por miedo, pero nunca tengamos miedo de negociar».
Respecto al «bloqueo comercial y financiero» que sufre Venezuela, su presidente opina que «ha sido agravado por el despojo y robo de nuestros recursos financieros y activos en países alineados con esta demencial embestida», pero recuerda que dirige la nación con «la menor desigualdad de América Latina» gracias a su «novedoso sistema de protección social».
Nicolás Maduro admite que los venezolanos están dispuestos a «seguir siendo socios comerciales» de los norteamericanos, mientras que «sus políticos en Washington» están dispuestos a «enviar a sus hijos a morir en una guerra absurda» en lugar de respetar «el derecho sagrado» de ese pueblo latinoamericano «a la autodeterminación y al resguardo de su soberanía».
Su texto termina con una exigencia: «el cese de la agresión», que busca «asfixiar nuestra economía y sofocar socialmente a nuestro pueblo», así como la interrupción de «las graves y peligrosas amenazas de intervención militar contra Venezuela».
Para despedirse, ha elegido la frase «¡Qué vivan los pueblos de América!» y ha firmado como «Presidente de la República Bolivariana de Venezuela».