Empezó a dibujarlo en 1511, probablemente lo terminó en 1513 y en 1517 lo presentó al sultán Solimán el Magnífico, quien lo recompensó ascendiéndolo a almirante. Más adelante, en 1521, Piri Reis publicó un detallado atlas del Mar Mediterráneo que incluía un relato de las expediciones de “un astrónomo que se llamaba Kolón, que salió en busca de Antillia [una isla mítica ubicada en un lugar indeterminado del Atlántico] y la descubrió”.
Mapa imposible
El mapa de Piri Reis con la costa de América y la Antártida no es posible. En el momento en el que lo dibujó, los europeos no habían pisado más que una pequeña parte de las costas del Nuevo Mundo y la Antártida era desconocida.
La geografía no es lo único que llama la atención. El mapa incluye dibujos de animales que claramente no podían vivir en la Antártida -como uno que parece un alce- puesto que, de acuerdo con las predicciones climáticas, la última vez que el continente registró una temperatura algo más cálida a la actual fue hace más de 100.000 años.
De estas observaciones y de la referencia que hacía Piri Reis a “los antiguos reyes del mar” nació, en su momento, un debate que se planteaba si había existido un conocimiento geográfico perdido que el cartógrafo otomano o bien sus fuentes habían recuperado.
¿Qué se ve?
El mapa ilustra vagas ideas que se tenían en ese momento sobre lo que había más allá del océano. Estaba basado en historias. Sin embargo, se sabía que existía una tierra a la que se llamaba Cipango -que sería Japón- y más allá la costa oriental de Asia, de la que no se conocía de forma precisa la forma o extensión.
Todo induce a pensar que las costas representan de forma genérica una terra incognita que se sabía que existía pero aún no se había explorado.
Vía National Geographic