Pareciera que la veleidosa fortuna nos pusiera ante dos incongruencias. La primera es que el canciller que firmó el acuerdo de extradición (el Dr. Gonzalo Fernández), sea quién hoy defiende a la primera ciudadana uruguaya que tiene una requisitoria con Panamá de acuerdo a los términos previamente acordados. Podemos agregar que Maya Cikurel se encuentra, en ese sentido, en la situación más privilegiada de que puede gozar un/a extraditable.
La segunda es que el hecho de que el MEC esté fuertemente involucrado en el proceso del pedido extradición, y que el titular de esa cartera sea quién es -y salvo noticia en contrario sigue siendo- pareja de Cikurel, es un punto más que se acredita Maya, y un flanco más que se abre para la credibilidad de la opinión pública.
Obviamente, que todo esto se ubica en un terreno subjetivo, ya que el libre ejercicio de la profesión permite a todo profesional defender a quién se le antoje y a todo canciller firmar los acuerdos que estime pertinente. Luego, nadie puede considerarse libre de los actos que presuntamente cometió su consorte, aunque tal vez deba retirar las manos de las cercanías del fuego cuando de ser juez y parte se trata. Pero como titulamos en una nota anterior, recurriendo al ardoroso estribillo del «Tango Feroz», de la recordada «Leyenda de Tanguito», «pero el amor es más fuerte…» Aunque en honor a la verdad, ante este panorama, es difícil que alguien quiera estar en los zapatos de Pablo da Silveira.