Según la información de Pereyra (replicada por el diario El Observador), cuyo origen serían fuentes de la Fiscalía Especial Anticorrupción de la Procuradoría General de la Nación, de Panamá, la confusión, que permitió que durante más de ocho meses, Cikurel circulara libremente (de hecho, registra varios viajes a Buenos Aires, algunos con el futuro ministro) se debió a un error de tipeado, ya que originalmente se la había incorporado a la lista que registra el alerta roja como «Cirukel».
Sin embargo, esa información -indudablemente tan fidedigna como lastimosa- choca con la versión inicial dada por Interpol Uruguay, de que la demora en la detención se debió a que no se registraron movimientos de entrada o salida del país de la persona en cuestión, por lo que, la misma se produjo en cuanto pretendió viajar y fue detectada su identidad. Hoy se sabe que había salido y entrado del país en múltiples ocasiones desde que el alerta se emitió.
También parecen contradecir el sentido común las declaraciones de Pablo da Silveira, acerca de que ignoraba esa situación, dado que la relación con Cikurel databa de seis meses atrás, siendo que la contadora venía siendo investigada desde 2017 y había sido denunciada públicamente. Cuesta creer que a un hombre de leyes, habituado al quehacer político y sumamente relacionado, nadie le hubiera advertido de que estaba entrando en Es decir, la noticia, inicialmente lanzada por el periodista Ignacio Álvarez, fue enriquecida desde varios perfiles periodísticos, y en algún caso se puede afirmar que se faltó a la verdad respecto al estado de situación de la contadora y su requerimiento por Interpol.
En todo caso, la progresión de los hechos y la aparición de nuevos datos, complejizan y aclaran muchas cosas en relación a éste caso, al tiempo que enturbian el trasfondo ético que subyace por debajo de la superficie, motivando más de una sospecha.