El profesional recalcó que no es caprichosa la demanda de bajar la movilidad, “porque eso me va acortar la orilla a la que estoy remando. Y esa orilla no es la cantidad de camas, sino la cantidad de muertos que vamos a tener desde hoy hasta que la vacunación nos esté protegiendo».
«En medicina intensiva lo que define la capacidad de éxito no es la cantidad de camas sino la capacidad asistencial. ¿Cuánta gente podemos atender y en cuánto tiempo? De manera estandarizada, definimos que a partir del 85% de ocupación entramos en saturación», indicó.
«El margen de seguridad que le tenemos que dar al paciente es que haya una cama libre siempre, y para eso las camas desocupadas nunca puede ser inferior a 15%. Esta es una definición técnica, y está bien tenerla, pero no podemos reducir el problema a eso».
“Es incorrecto definir que estamos bien si no pasamos el 85% y estamos mal si lo pasamos. Sería una victoria muy miserable que un bando festeje el 84% o que otro bando festeje el 86%. Uno de los bandos tendría razón pero en el medio muere mucha gente», consideró el profesional.
“Pasamos de 600 camas en marzo del 2020 a las 900 actuales, pero ese crecimiento de 50% lo hicimos con la misma dotación de recursos humanos», aseveró Brivas y aclaró que «venimos amortiguando la llegada al 85% porque hay más camas, pero también por camas libres que vamos dejando, que tienen dos orígenes: altas y fallecidos. En 9 de los últimos 10 días, las camas libres generadas por fallecimientos fue mayor que las camas generadas por altas».
“Estamos abandonado el 45% de mortalidad que habíamos logrado en los mejores momentos, probablemente la mortalidad ya sea superior a 50%. El agotamiento de las dotaciones y la falta de personal entrenado nos está pegando y nos va a seguir pegando».
«La dinámica de la infección ha sido siempre la misma, hemos aprendido sobre las vías de contagio, los síntomas y cómo llegan a ser pacientes graves. Lo que funciona mejor, sin dudas, es que no se infecten. Tenemos que seguir apostando a eso porque la necesidad está ahí».
“El reclamo que hacemos desde la medicina no es por no trabajar; hace un año que trabajamos y estamos agotados. La batalla la empezamos a perder cuando la tasa de positividad en los test diarios superó el 4% y cuando le perdimos la pista al virus», concluyó.