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Mundo

La alternativa tiene rostro de mujer: El progresismo avanza en Estados Unidos

Cuatro congresistas han sido atacadas por Trump en varios de sus discursos, se ha convertido en una verdadera molestia para él que cuatro mujeres, inmigrantes de primera o segunda generación o afro-estadounidenses, sean quienes lleven la voz de la oposición política e ideológica en el Senado.

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Por Germán Ávila

Uno de los grandes referentes de un neoconservadurismo mezclado con el neofascismo que emergió a mediados de la década que está por terminar es Donald Trump, presidente de los Estados Unidos; no cabe duda de que su discurso ultranacionalista y xenófobo logró aglutinar sectores dispersos de la población que lo votaron en las últimas elecciones presidenciales, muchos de ellos movidos por la ilusión de resurgimiento de la producción industrial local, principalmente al norte de ese país.

Sólo por esas lógicas propias del particular sistema electoral norteamericano fue posible que Trump llegara a la Casa Blanca pese a haber logrado 2.800.000 votos menos que su contrincante demócrata, Hillary Clinton. Su discurso se impuso finalmente y los resultados no se hicieron esperar en las calles; manifestaciones ultranacionalistas y racistas salieron orgullosas a exhibirse, el número de ataques contra afroamericanos, inmigrantes y población LGBTIQ se dispararon inmediatamente después de conocerse los resultados finales del Colegio Electoral.

Una base estructural del discurso de Trump ha sido la política contra los inmigrantes que propuso desde el inicio de su campaña y ha tenido manifestaciones que rebasaron de lejos la crueldad de los postulados iniciales; juicios express y cárceles para niños que fueron separados de sus padres, permisividad con grupos paramilitares que cazan inmigrantes ilegales a lo largo de la frontera y un largo etc. de políticas estatales que han fortalecido la xenofobia en un país con una altísima población inmigrante son la realidad cotidiana de Estados Unidos a tres años de la elección presidencial.

Sin embargo, no sólo este tipo de manifestaciones ideológicas han salido de las sombras en un país ya con fuertes antecedentes xenófobos, pero que mantuvo el discurso de odio inscripto sólo en algunos espacios geográficos y sociales puntuales. En la misma carrera electoral que movió las chequeras de una parte del sector industrial norteamericano también vieron la luz figuras que a contramano generaron también un discurso mucho más progresista de lo que el electorado en general estaba acostumbrado a escuchar.

El mayor representante de esto en 2016 fue Bernard “Bernie” Sanders, senador por el poco conocido estado de Vermont, limítrofe con Nueva York y justo en la frontera con Canadá. Las posturas discursivas de Sanders confrontaron la política estructural de los Estados Unidos como punta de lanza imperialista y generaron un debate sobre la manera cómo se relaciona dicho país en el contexto global. Fue candidato en las elecciones primarias por el Partido Demócrata, y aunque en ellas fue aclamada por unanimidad (con bastante polémica) Hillary Clinton, la postura de Sanders logró trascender el escenario coyuntural electoral y se posicionó como una línea política con un lugar propio dentro de las filas demócratas.

En esa vía, las elecciones al Senado en 2018 permitieron la aparición de varias figuras que sorprendieron al electorado con discursos abiertamente progresistas que cuestionan, no sólo la política migratoria del ejecutivo estadounidense, sino el sistema político en general, hacia adentro y hacia afuera.

Dentro de este nuevo equipo parlamentario se destacan cuatro mujeres que se han convertido en un símbolo de la lucha electoral de las minorías en Estados Unidos: Ilhan Omar, Rashida Tlaib, Alexandra Ocasio-Cortez y Ayanna Pressley, quienes junto a figuras locales como Lupe Valdez, de Texas, y Stacey Abrams, de Georgia, quien en 2019 fue la primera mujer afroamericana en ser elegida para dar la réplica al discurso presidencial, se convierten en una nueva fuerza que gana espacio en las filas demócratas.

La aparición de estas figuras de la política cobra mayor contundencia al representar justo los segmentos de población que se han visto más afectados con los discursos de odio exacerbados por los resultados electorales de 2016: son mujeres, son migrantes de primera o segunda generación y dos de ellas son musulmanas, la tercera es latina y la cuarta afroestadounidense.

Ilhan Omar (Foto principal) nació en Somalia y llegó a Estados Unidos cuando tenía 14 años, en 1995; inició su carrera política siendo una estudiante en Minneapolis, donde inició su militancia en el Partido Demócrata, sobresaliendo por su liderazgo y capacidad discursiva a favor de la población migrante en general y de los musulmanes en particular.

Durante las elecciones parlamentarias en 2016, tuvo que enfrentar las consecuencias de una campaña de información falsa que empezó a circular desde 2014, cuando ganó las elecciones primarias de su partido, derrotando a Phillys Kahn. Los rumores la acusaron de haber contraído matrimonio con su propio hermano, lo que fue desmentido posteriormente.

Luego de ser electa como representante a la cámara por el distrito 60B de Minnesota, se ha caracterizado por su enérgica confrontación al discurso antiinmigrante de Donald Trump y ha confrontado en varias ocasiones a los miembros del ejecutivo respecto a su papel en la política exterior norteamericana; por ejemplo, cuestionó de manera directa a Elliott Abrams sobre su papel en la venta de armas a Irán en el sonado escándalo “Irán-contras”. De la misma manera ha señalado de manera directa a Estados Unidos por la crisis que vive Venezuela a partir de las medidas unilaterales de bloqueo económico en su contra.

Rashida tlaib

Rashida Tlaid nació en 1976 en Detroit, pero es hija de inmigrantes palestinos originarios de Cisjordania y se convirtió en la primera mujer palestino–estadounidense en obtener un escaño en el Congreso de ese país, igual que Omar es musulmana, y se ha caracterizado por su férrea oposición a la política conservadora de Donald Trump.

Tlaid fue electa en 2016 como representante en la cámara y viene de una larga trayectoria política en el partido Demócrata, que la había llevado a ocupar un escaño en la Cámara de Representantes por el estado de Michigan entre 2009 y 2014.

Ayanna Presley

Ayanna Pressley es norteamericana, nacida en Ohio pero criada en Illinois, y aunque su carrera política se desarrolló inicialmente junto al senador demócrata Jhon Kerry, durante los años anteriores a su elección como congresista, su discurso se hizo más claro, identificándose como una progresista definida y su candidatura fue apoyada por varios sindicatos de Boston.

Como afroestadounidense, estuvo siempre desarrollando trabajo social de base en las comunidades de las ciudades donde vivió, y fue precisamente este sector poblacional el que decidió apoyarla mayoritariamente en 2018 para alcanzar un escaño en el Congreso, donde ha cumplido un papel determinante apoyando las múltiples manifestaciones que se han extendido en todo Estados Unidos contra la brutalidad policial hacia los afroestadounidenses, siendo una de las más conocidas el acto simbólico de varios atletas, principalmente del fútbol americano, de arrodillarse al iniciar los encuentros deportivos, lo que le trajo problemas a algunos con sus representantes y patrocinadores.

Alejandra Ocasio Cortez

Alexandra Ocasio-Cortez es la más joven de las cuatro demócratas de la nueva generación, es neoyorkina de origen puertorriqueño, su militancia desde sus inicios ha sido mucho más hacia la izquierda, pertenece a la organización Socialistas Democráticos de América. Se dio a conocer durante la campaña presidencial, al ser la organizadora de la campaña presidencial de Bernie Sanders y posteriormente tomando como suya la causa de los habitantes del condado Flint, quienes han sufrido una larga lucha por el agua como servicio público, pues la fuente principal de la que se surtían fue apropiada con fines empresariales.

Las cuatro tienen en común no sólo la perspectiva política que las ha llevado a ser la más fuerte oposición de la política de Trump en el Congreso, al punto que este en varios de sus discursos las ha llamado “desequilibradas” y “débiles”, sino que vienen de derrotar a viejos caciques de la política tradicional, tanto demócratas como republicanos, pues en las internas, o en la definición de las curules del Congreso, han tenido que confrontar una buena parte de la maquinaria estadounidense.

Lo anterior es una muestra de que, a pesar de todo el avance que ha tenido la visión ultraconservadora y xenófoba de Trump, hay una alternativa que crece y despierta el sentir progresista que desde los años 60 estaba esperando una oportunidad para ver la luz. Es posible que los intereses de los más poderosos en Estados Unidos tengan bien definidos a sus representantes, pero quien se contraponga a ellos es también hoy mucho más claro.

 

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