La pareja vivía con tres niños de 5 años, 2 años y 5 meses de edad.
Ambos eran delincuentes con condenas en vigor por desatención de menores y posesión de drogas y estaban en libertad condicional, lo que les prohibía tener armas.
Cuando llegaron los agentes, Mabry estaba tumbado en el suelo y gravemente herido por una bala en la espalda. "Al principio pensaron que se trataba de un suicidio", explicó a la prensa el sheriff del condado, John Mina.
Sin embargo, en la misma escena del crimen el mayor de los niños dijo a su madre y a los agentes que su hermano mediano había "disparado a papi", según los documentos del caso.
Ayala intentó reanimación cardiopulmonar a la víctima y los policías le llevaron al hospital, adonde llegó muerto. En la investigación los agentes concluyeron que Mabry y Ayala habían dejado el arma de fuego ilegal, una Glock semiautomática de 9 mm, así como municiones, en la habitación que compartían con sus hijos y al alcance de estos.
"Ahora estos niños pequeños han perdido en la práctica a sus dos progenitores: su padre está muerto, su madre está en la cárcel y uno de ellos va a tener que vivir sabiendo que disparó a su padre", afirmó el sheriff.
La mujer, Marie Ayala, ha sido arrestada y acusada de homicidio involuntario por negligencia culposa, posesión de armas y municiones por un delincuente convicto y violación de la libertad condicional en EEUU.
De ser declarada culpable de estos cargos, podría enfrentarse a una condena de hasta 15 años en prisión.
"Estas tragedias son 100% prevenibles", aseguró el sheriff, tras advertir a los propietarios de armas de fuego de que quienes no las mantengan correctamente aseguradas "están a solo un segundo de que les suceda una tragedia como esta".
De hecho, solo el año pasado 163 personas murieron en EEUU por disparos de menores de 18, y cada año ocurren unos 350 accidentes por disparos involuntarios de niños y adolescentes, según la ONG Everytown for Gun Safety.