Las tensiones escalaron en actos públicos, con protestas de colectivos indígenas y cruces de acusaciones sobre la conquista.
La versión del "boicot"
El punto de inflexión llegó con la inminente celebración de los Premios Platino del Cine Iberoamericano en el complejo Xcaret de la Riviera Maya, un evento patrocinado por la Comunidad de Madrid con cerca de medio millón de euros.
El viernes 8 de mayo, el equipo de Ayuso emitió un duro comunicado en el que anunciaba la suspensión del resto de su agenda y su ausencia en la gala. Según la versión del Gobierno madrileño, la administración de Sheinbaum había "amenazado a los organizadores con clausurar el hotel" si la dirigente española hacía acto de presencia, una acción que calificaron de "hecho sin precedentes" y de "deriva totalitaria".
El propio Grupo Xcaret, propietario del recinto, negó "categóricamente" haber recibido "amenazas o instrucción alguna" por parte del Gobierno mexicano. En un comunicado, la empresa explicó que fueron ellos quienes solicitaron retirar la invitación a Ayuso para evitar que el evento cultural se "utilizara como plataforma política" tras sus "desafortunadas declaraciones".
Reacción en caliente
La polémica desató una tormenta de declaraciones cruzadas:
Gobierno de Ayuso: El consejero de Presidencia, Miguel Ángel García Martín, defendió la gestión de la presidenta y aseguró que la "izquierda y la ultraizquierda" han preferido "cercenar la libertad" de expresión. Insistió en que Ayuso seguirá con su agenda internacional para mostrar "las fortalezas de Madrid".
Claudia Sheinbaum: La presidenta mexicana calificó la visita como una "visita fallida" y aprovechó su conferencia matutina para ironizar sobre "el absurdo" de venir a reivindicar a un "genocida" como Cortés. Sheinbaum contrastó la actitud de Ayuso con los esfuerzos de reconciliación del gobierno de Pedro Sánchez y la Casa Real.
Oposición en España: El PSOE y Más Madrid cargaron contra la dirigente popular. La portavoz de Más Madrid, Manuela Bergerot, celebró que Ayuso dejara "de hacer el ridículo" y le acusó de haberse ido de "vacaciones pagadas por todos los madrileños" (con un coste estimado de 310.000 euros), mientras que el PSOE le reprochó haber generado un "lío internacional" y mentir sobre la cancelación de su agenda.