Si no votaron el 2 de octubre, será complicado que lo hagan el día 30; son personas que no temen ni a Lula ni a Bolsonaro, ya que de hacerlo hubieran ido a las urnas ante la posibilidad de que el líder de la izquierda ganara en primera vuelta, como apuntaban los fallidos sondeos.Tebet y Gomes
Tebet y Gomes
Al margen de intentar convencer a los que no votaron, los candidatos también pueden movilizar a los electores que en la primera ronda optaron por otros, básicamente Simone Tebet (centro-derecha) y Ciro Gomes (centro-izquierda); el problema es que son muy pocos, menos del ocho% del electorado. Además, no queda muy claro adónde irán a parar esos votos. A su favor, Lula tiene que los votantes de Gomes siempre fueron bastante progresistas, pero eso podría haber cambiado con la campaña más bélica contra Lula que hizo el candidato y que podría haber atraído a bolsonaristas arrepentidos que ahora volverán a Bolsonaro.
Lula quiere conversar con su partido, el PDT, más que con él, con quien ya no existen puentes de diálogo. Gomes ha pedido tiempo para expresar su voto, pero nadie espera que haga campaña activa a favor de Lula, en el mejor de los casos, será una declaración discreta.
En el lado de Tebet, que pertenece a un partido, el Movimiento Democrático de Brasil (MDB) en parte favorable a una alianza con Lula, la buena noticia para el líder del PT es que la senadora fue implacable con Bolsonaro durante la campaña y ha dado señales sutiles de que podría apoyarle.
"No esperan de mí que me omita", dijo la noche electoral, pidiendo a los dirigentes de su partido que expresen su postura para que ella pueda hacerla pública también: "Tomen una decisión porque la mía ya está tomada", apuntó, sin dar más pistas. Tebet declarará su voto, lo que hagan sus votantes es otra historia.
Bolsonaro, por su parte, parte con la ventaja del enorme poderío acumulado en el Congreso Nacional, que seguirá teniendo mayoría conservadora. Su formación, el Partido Liberal (PL), consiguió 99 diputados, y superó al PT de Lula.
Esa fortaleza en el poder legislativo sirve, además de para animar a sus electores, para tener más bazas a la hora de negociar con políticos de centro que hasta hace poco daban por descontada una victoria de Lula y ya se estaban echando a sus brazos. Muchos de ellos podrían pactar ahora apoyar a un Bolsonaro inesperadamente competitivo.
La fuerza del territorio
El presidente también tiene a su favor el factor territorial: Lula consiguió colocar cinco gobernadores, frente a los nueve de Bolsonaro. Además, hay uno de ellos, Minas Gerais, que es clave. En este estado ganó en primera vuelta el gobernador Romeu Zema, antiguo aliado de Bolsonaro que se había distanciado de él y en estas elecciones se mostró imparcial.
Bolsonaro le llamó inmediatamente la noche del domingo para negociar su apoyo. De momento, Zema, que pertenece a un partido profundamente neoliberal (Novo), ya ha dicho que apoyar al PT está "fuera de discusión". Para Lula, lo mejor que podría hacer es mantenerse neutral otra vez para no dar a Bolsonaro una plataforma de búsqueda de votos.
Lo que haga Zema no es poca cosa, porque Minas Gerais es el segundo estado más poblado del país (16,2 millones de electores, el 10,4% del total) y porque suele anticipar el resultado electoral. Históricamente, quien gana en esta región, se lleva el país. Por eso los "mineiros" también estarán en el punto de mira de Lula y Bolsonaro en las próximas semanas.
(Vía Sputnik)