Desde 2017, Australia ocupaba el primer puesto en el ranking global de productores de litio, gracias a sus vastas reservas y una industria minera altamente desarrollada. Sin embargo, la inversión sostenida de China y el fuerte respaldo estatal a sus empresas del sector están inclinando la balanza.
Una apuesta estratégica
El avance chino en el litio no se explica únicamente por el volumen de extracción. Paul Lusty, jefe de investigación de materias primas para baterías en Fastmarkets, destaca que muchas compañías mineras chinas no son rentables, pero siguen operando con altos niveles de producción gracias al apoyo gubernamental. “Esta producción continuada —a pesar de la falta de rentabilidad en el mercado— empieza a tener mucho más sentido cuando se tienen en cuenta todos estos factores”, señala el experto.
La estrategia china responde a una visión de largo plazo: asegurar el control sobre recursos importantes en un escenario de competencia global por minerales críticos. De hecho, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), China lidera la producción de más de la mitad de los minerales clasificados como estratégicos para la seguridad y desarrollo tecnológico global.
Litio: motor de la transición energética
El litio comenzó a producirse comercialmente en 1923 y ha tenido múltiples usos, desde aplicaciones médicas hasta insumos para la construcción. Sin embargo, su protagonismo actual está ligado al auge de la electromovilidad y el almacenamiento de energía. Sin este recurso, la expansión de los vehículos eléctricos o el desarrollo de soluciones energéticas limpias sería inviable.
En este contexto, el movimiento de China para posicionarse como el mayor productor global tiene implicancias económicas y geopolíticas. La capacidad de controlar el acceso al litio se traduce en influencia sobre industrias enteras y sobre los ritmos de la transición energética mundial.