Colombia: un balotaje de alto voltaje
Las semanas hasta la votación del 19 de junio se anuncian de gran voltaje.
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Las semanas hasta la votación del 19 de junio se anuncian de gran voltaje.
Colombia sabrá si comenzará el primer gobierno progresista de su historia o asumirá un presidente hasta pocos meses desconocido por la mayoría del país. Así lo marcó el resultado del domingo 29 en la noche cuando las encuestas le dieron 40,32% a Gustavo Petro, del Pacto Histórico, y 28,15% a Rodolfo Hernández, de la Liga de Gobernantes Anticorrupción, conocido por haber sido exalcalde de Bucaramanga y su estrategia outsider en la campaña.
Tercero quedó Federico Gutiérrez, candidato vinculado directamente al uribismo, quien desde marzo hasta fin de abril tenía el segundo lugar asegurado en las encuestas. Obtuvo 23,91% de los votos, delante de un lejano cuarto lugar ocupado por Sergio Fajardo con 4,20% y un intento de construir un centro político que naufragó.
El resultado fue confirmado tres horas después de cerradas las mesas de votación el domingo. El Pacto Histórico recibió los datos desde el céntrico hotel Tequendama en Bogotá como un golpe a unas perspectivas que auguraban un mayor número para Petro y una segunda vuelta contra Gutiérrez. Petro habló último, con un mensaje de victoria por haber obtenido el primer lugar, algo histórico para la izquierda, y el llamado a redoblar la campaña hacia el 19 de junio.
Hernández, por su lado, esperó el resultado desde su finca en Piedecuesta, cerca de Bucaramanga, al lado de una piscina con su familia. Luego envió un mensaje a través de su Facebook y finalmente dio una sola entrevista. Ni flashes, multitudes, grandes discursos ni escenografías; el candidato, ahora a la segunda vuelta, mantuvo su estrategia de presentación de outsider, fuera de los modos habituales de la política tradicional.
“Necesito un millón y medio más de votos. Mi contrincante necesita unos cuatro millones más, ni para él es fácil, ni para mí tampoco”, dijo Gustavo Petro dos días después de las elecciones presidenciales. El balotaje, no hay dudas, será reñido.
La estrategia outsider
Hernández no participó de las primarias del mes de marzo para definir candidaturas presidenciales de las coaliciones. Tampoco presentó candidatos al Congreso y al Senado en esa misma contienda. Su presencia en el mapa político tuvo un ascenso veloz: el 22 de marzo medía 11% en las encuestas, a fin de abril 13%, a mitad de mayo alcanzaba 19% y finalmente logró el 28% el domingo de las elecciones.
El también ingeniero centró su campaña en un tema central: la lucha contra la corrupción, problema principal para cerca del 66% de la población. Asoció la corrupción a la politiquería, sinónimo de casta: “lo que hay que corregir es sacar todos esos ladrones que se están metiendo en Senado, Cámara, cargos importantísimos del Poder Ejecutivo, nos toca sacarlos, ese es el objetivo supremo y el mandato que me dieron los colombianos”, afirmó la noche de su victoria.
El candidato no hizo demostraciones de fuerza en actos masivos, como Petro, sino que desarrolló una campaña de cercanía con las personas, con fuerza en redes sociales, sin participar en los debates electorales y con disruptividades. Hernández ya contaba con polémicas en su haber: como alcalde de Bucaramanga abofeteó a un concejal, amenazó a un arquitecto -“jueputa, le pego su tiro, malparido” le dijo-, y señaló en una entrevista ser “seguidor de un gran pensador alemán, Adolf Hitler”, disculpándose luego por haberse “equivocado”.
Esos videos, fragmentos, se viralizaron durante la campaña en la que sumó otros escándalos más, como preguntar qué era el Vichada, un departamento del país y, sobre todo, por tener una causa abierta por corrupción. No afectaron, sin embargo, su ascenso en el marco de una campaña polarizada entre Petro y Gutiérrez, es decir, la izquierda y el uribismo. Hernández se abrió paso por fuera de esa dicotomía y de las formas tradicionales de la política en un país que, como quedó claro el domingo, pide cambios: Petro, principal portador de esa idea, y Hernández sumaron casi el 70% de los votos de conjunto, lo que significó una derrota del establecimiento político colombiano.
El pesado respaldo del uribismo
Hernández fue respaldado por el uribismo la misma noche del domingo. El candidato perdedor, Gutiérrez, llamó a votarlo, así como algunas de las figuras centrales de ese espacio político, como las senadoras María Fernanda Cabal y Paloma Valencia. Un senador uribista, José Obdulio Gaviria, fue más lejos y afirmó: ¿quién dijo que perdimos si ganó Rodolfo Hernández?
Ese acercamiento público del uribismo ratificó los señalamientos de vínculos entre Hernández y Álvaro Uribe cuando, por ejemplo, este último lo ayudó en la campaña para la alcaldía de Bucaramanga. El apoyo de un sector con gran rechazo social significó a su vez la necesidad de Hernández de diferenciarse debido a que la fuerza de su campaña fue presentarse como una opción de cambio.
Uno de sus primeros mensajes fue entonces demarcarse abiertamente de quienes gobernaron el país durante la mayor parte de las últimas dos décadas: “No coman cuento, aquí les dejo 20 diferencias que tengo con el uribismo”, escribió en su cuenta de Twitter para buscar frenar la instalación de una matriz que busca posicionarlo como una opción uribista.
Los puntos señalados no solamente marcaron una diferencia programática con el partido de derecha, sino que mostraron propuestas de tinte centrista o progresista, como dejar atrás políticas neoliberales, implementar el acuerdo de paz firmado en el 2016 con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y negociar con el Ejército de Liberación Nacional, restablecer relaciones diplomáticas con Venezuela, aprobar el matrimonio igualitario y la adopción por parte de parejas del mismo sexo, oponerse al fracking y uso de glifosato, o bajar el IVA a 10%.
Hernández, con el apoyo uribista asegurado, se propuso buscar votos en el centro. No tardaron en aparecer videos indicando cómo el candidato sostenía poco tiempo atrás posiciones contrarias a sus nuevas propuestas. El martes trajo, a su vez, una primera sorpresa negativa para Hernández: el senador Jhonatan Ferney Pulido, quien lo había apoyado, le retiró el respaldo: “no quiero estar en el mismo lugar donde esté el uribismo. Por esta razón me retiro de la campaña del ingeniero Rodolfo Hernández”, declaró.
Cálculos electorales
La gran pregunta del Pacto Histórico es dónde conseguir los votos necesarios para alcanzar el 50% necesario para ganar el próximo 19 de junio. La cantidad parece ser más que el millón y medio de votos que afirmó necesitar Petro, que junto a los 8.527.768 votos obtenidos el 29 de mayo, sumarían un total de 10 millones. Iván Duque, por ejemplo, ganó en 2018 con 10.398.689 votos y un padrón electoral con casi tres millones de electores menos y una participación que resultó similar a la de este año.
El número que más preocupa es el de la sumatoria de votos de Hernández y Gutiérrez: 5.953.209 más 5.058.010, es decir un total de 11.011.219 votos. Si bien no existe una matemática automática en cuanto a traslado de votos, muchos presuponen que una mayoría de los votos de Gutiérrez podrían ir hacia Hernández debido al antipetrismo. Es decir que el contrincante del candidato progresista podría sumar su caudal de votos -al menos que disminuya por el efecto del apoyo uribista- y una parte del conjunto de las fuerzas que respaldaron al candidato al uribista en la primera vuelta.
La opción que se presentó en la primera vuelta como de centro, encabezada por Fajardo dentro de la Coalición Centro Esperanza, quien logró 888.585 votos, dejó por el momento libertad de acción para el balotaje. “La Coalición Centro Esperanza ha cumplido con los fines políticos para los que fue constituida, cada uno de sus sectores y movimientos decidirá sobre su futuro dentro de las más cordiales relaciones entre nosotros”, indicó el comunicado emitido luego del domingo.
Los votos de centro podrían no girar hacia Hernández debido al apoyo que recibió por parte del uribism, y, por lo tanto, no participar o ir hacia Petro. Otro desafío es cómo lograr sumar a parte del 45% de la población que se abstuvo de votar. En 2018 la participación no varió entre la primera y la segunda vuelta, ¿se repetirá ese patrón este año? ¿Por qué el porcentaje de votantes no aumentó en 2022 respecto a 2018 habiendo transcurrido entre tanto tres años de masivas movilizaciones? Otra de las preguntas a resolver.
Las últimas semanas antes del 19 de junio estarán marcadas por actos, visitas en ciudades, pueblos, estrategias de redes, campañas sucias, probables amenazas contra el Pacto Histórico como en la primera vuelta, un intenso movimiento de gran voltaje debido a lo que está en juego: que Colombia tenga su primer gobierno progresista de la historia o pase a ser gobernada por un candidato de perfil outsider respaldado por el uribismo.