No lograr probar la situación de violencia no quiere decir que no haya existido. Una amiga abogada me decía que es peligroso decir eso, sobre todo a nuestros hijos que se están formando, pero como escribo para adultos puedo decirlo. Yo no sé lo que pasó exactamente en esa relación de pareja, lo que sí sé es que si una mujer no puede probar la violencia no quiere decir que no haya existido, sobre todo cuando del otro lado hay un señor con más dinero y más recursos de todo tipo, capaz de montar una campaña mediática para destruirla (en este caso, recordemos, también él fue condenado a pagar por sus difamaciones).
Depp sí pudo probar unas situaciones de violencia por parte de ella. Y Heard contó algunas aberrantes, como la violación con una botella o el “hurgar” en su vagina buscando drogas, por parte de él.
Esto me hizo acordar a la investigación Homicidios conyugales y de otras parejas. La decisión judicial y el sexismo de Marcela V. Rodríguez y Silvia Chejter, que se basa en el análisis de 144 sentencias de homicidios entre cónyuges y de otras parejas, imputados a mujeres y varones entre 1992 y 2010. La investigación corroboró que "cuando las mujeres denuncian la violencia, los fallos describen mayoritariamente agresiones con impacto grave sobre su integridad física --fracturas craneanas, hemorragias, fracturas en miembros superiores e inferiores, deformación del rostro, golpizas severas--. En cambio, las sentencias que señalan la existencia de violencia recíproca o por parte de las mujeres mencionan agresiones verbales, expresiones humillantes o denigratorias; sólo muy excepcionalmente se sugirió alguna agresión física leve".
En ese trabajo encontraron además, varios tipos de sesgos sexistas en la justicia, entre ellos:
* En la valoración de la prueba: hay falta de credibilidad, desvalorización y minimización de los testimonios de las mujeres, sean víctimas de las agresiones o imputadas. Así como de los testigos a favor de la posición de las mujeres.
* En la interpretación de la prueba: "Se evidencia la existencia de prejuicios y estereotipos de género presentes en estos operadores. Todo ello se evidencia en falacias, falta de fundamentación o motivación insuficiente, exámenes meramente rituales de la prueba producida, falta de consideración de un enfoque global del contexto y sus confrontaciones con las constancias de la causa", entre otros.
Otra cosa que escuché en mi recorrido mediático por el tema es que lo de ella es una falsa denuncia. Algo dicho muy livianamente, que no se condice con la realidad porque no son habituales las falsas denuncias de violencia de género. Si bien la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) de la Corte Suprema de Justicia de la Nación no recaba estadísticamente esta información, desde su creación en 2008 fue informada de solo una causa confirmada de falsa denuncia. “A veces no se llega a condenas o hay sobreseimientos porque la prueba es insuficiente, pero esto no significa necesariamente que la denuncia haya sido falsa”, explicó Analía Monferrer coordinadora de la OVD. La Fiscalía General del Estado español publicó una tabla con los datos de las denuncias por violencia de género desde 2009 hasta 2020. En ese periodo, se presentaron 1.708.075 denuncias, de las que solo 134 quedaron acreditadas como falsas por medio de una condena, un 0,0074 por ciento del total.
Lo último, se ha dicho bastante pero no puedo dejar de estar de acuerdo. Amber Heard no encarna la víctima ideal. No es una mujer totalmente desvalida, pobre, sumisa. Sus conductas sexuales no encajan dentro de lo moralmente aceptable, su violencia también (¿cómo, es víctima y le cortó un dedo?). En la tradicional polaridad virgen/prostituta con que se ha encasillado a las mujeres, claramente no está del lado de la primera. No podría afirmar que está del lado de la segunda, pareciera que sí; o tal vez habría que preguntarse si estamos en un momento donde hay nuevas mitologías de género.
Encima de todo, Heard tuvo el tupé de contarlo en un medio de comunicación. “Calladita te ves más bonita”, dice un dicho popular en México y otros países de la región, lo que remite a un viejo estereotipo de género en relación al lenguaje, específicamente el que dice que las mujeres hablan demasiado básicamente porque no encaja con la expectativa de lo que debe hablar una mujer.
Dicho todo esto, me gustaría detenerme en la verborragia mediática y digital en estos tiempos narcisistas en que todo el mundo tiene necesidad de opinar sobre todo. Tiempos en que las cuestiones de género o el avance de los derechos de las mujeres y diversidades parecen provocar urticaria en muchos sectores. Es cierto que un caso que llega mediatizado desde el norte global tendrá su impacto. Habrá que ver qué queda de él cuando pasen los días. Pero sería bueno no olvidar que la violencia contra las mujeres es un problema social profundo, que no se armó en un día, no se desarmará en otro. Mientras, aparecerán cada tanto en la escena mediática historias de famosos globales, mientras una caterva de opinólogos se pondrán de uno u otro lado sin profundizar demasiado en lo que significa la violencia por razones de género o pretenderán que se puede transpolar sin más esa vida con la de cualquiera de los mortales no hollywoodenses.
Mientras todo eso pase, seguiremos teniendo nuestro #3J porque todavía la violencia de género es un problema real (y lo seguirá siendo), que destroza vidas que en general no llegan a los medios, salvo cuando son asesinadas.
Por Sonia Santoro (vía Página 12)