“La paz no es posible sin libertad religiosa, de pensamiento, de expresión” fue una de las frases relevantes de su discurso.
Además, reclamó el alto al fuego en la franja de Gaza, “donde el terrible conflicto sigue llevando muerte y destrucción, y provocando una dramática e indigna crisis humanitaria”.
“Que cese el fuego, que se liberen los rehenes y se preste ayuda a la gente que tiene hambre”, manifestó.
También hizo referencia a otras guerras en el mundo como la de Ucrania, el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán o la situación en regiones africanas como República Democrática del Congo y Sudán.
El Pontífice cuestionó especialmente los ataques a hospitales y trabajadores humanitarios, pero también denunció "el creciente clima de antisemitismo" que se está difundiendo por todo el mundo.
Francisco pidió “que nunca se debilite el principio de humanidad como eje de nuestro actuar cotidiano”.
Otro de los mensajes destacados fue el relativo a la carrera armamentística en el mundo. Comentó que la paz no es posible sin un verdadero desarme y que aunque cada pueblo tiene que proveer a su propia defensa esta situación "no puede transformarse en una carrera general al rearme", advirtió.
Además, instó a quienes tienen responsabilidades políticas a no “ceder a la lógica del miedo que aísla, sino a usar los recursos disponibles para ayudar a los necesitados; combatir el hambre y promover iniciativas que impulsen el desarrollo". "Estas son las armas de la paz: las que construyen el futuro, en lugar de sembrar muerte", concluyó
Tras la lectura, que duró casi 20 minutos, el papa Francisco volvió a saludar antes de retirarse, en lo que fue su útimo saludo al público.